domingo, 26 de noviembre de 2017

Migra Khadra de geografía




Yasmina Khadra sorprendió a los lectores en lengua francófona cuando se reveló que tras sus letras no asomaba una perspectiva femenina sobre el mundo árabe.

Así se asumió desde 1988 hasta el año 2001, cuando la "escritora" reveló que no era una mujer, sino el ex oficial del Ejército argelino Mohammed Moulessehoul.

El autor había recurrido al seudónimo para evitar la censura de su país. Se trataba de un militar en activo abordando temas siempre cercanos a los conflictos de la región.


Yasmina Khadra sorprendió a los lectores en lengua francófona cuando se reveló que tras sus letras no asomaba una perspectiva femenina sobre el mundo árabe.

Así se asumió desde 1988 hasta el año 2001, cuando la "escritora" reveló que no era una mujer, sino el ex oficial del Ejército argelino Mohammed Moulessehoul.

El autor había recurrido al seudónimo para evitar la censura de su país. Se trataba de un militar en activo abordando temas siempre cercanos a los conflictos de la región.

El escándalo en el Magreb y en Francia, donde radica, fue mayúsculo, pero no renunció al nombre de Khadra.

"He sido traducido en 50 países, he tocado a millones de lectores alrededor del mundo. ¿Cómo renunciar a ese seudónimo con el que se me conoce y que, además, son los dos nombres de mi esposa?", responde a REFORMA el autor de 62 años.

El argelino, que fue huésped hace 17 años de la Casa Refugio Citlaltépetl, está de vuelta en México para presentar el 29 y el 30 de noviembre, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, sus novelas más recientes.

Su bibliografía incluye la Trilogía de Argel: MorituriDoble blanco y El otoño de las quimeras, además de El atentado, donde asoma el conflicto palestino-israelí; Las sirenas de Bagdad, sobre la guerra de Irak; La ecuación africana, inspirado por las crisis de su continente, o Las golondrinas de Kabul, sobre la tragedia afgana.

La figura de la milicia o de un militar de alto rango suele estar siempre presente en su narrativa. Al final de cuentas, su carrera militar duró 36 años, renunciando a ella en el 2000, un año antes de revelar su verdadera identidad literaria.

A Guadalajara lleva La última noche del Rais, sobre los últimos días en la vida de Muamar el Gadafi, y una novela con la cual se separa de todo su ámbito, Dios no vive en La Habana, la historia de un hombre mayor, Don Fuego, que vive un idilio con una jovencita, Mayensi. Ámbos títulos publicados en Alianza.

"Me interesa el mundo entero. Siempre he querido comprender mi época y hablar de los malentendidos que afectan el vínculo que debiera acercar a los pueblos. Gracias a mi doble cultura, oriental y occidental, intento aclararlos.

"Dios no vive en La Habana parte de mi deseo de hablar del mundo y de soñarlo", señala  Khadra.

Don Fuego es un músico, con décadas de presentarse en un club habanero. A sus más de 60 años, le comunican que ya no hay trabajo para él. El club ha cambiado a manos privadas. Mayensi es una joven, bella pero atormentada, que lo embelesa, con consecuencias fatales.

Nunca pensó en escribir sobre La Habana, confiesa, pero, tras una visita, todo cambió.

"Quedé cautivado por el pueblo cubano. Quise rendirles un homenaje por su valentía y su inmenso talento. Yo venía de Europa, en donde las personas son libres para viajar, para hablar, para ambicionar, aunque todo el mundo se queja y reclama más derechos.

"En Cuba, vi gente privada de todo, pero aún así, son un pueblo mágico, que no tira la toalla, que crean su sueño a partir de nada. Los cubanos han comprendido que aunque todos los horizontes estén prohibidos, hay que inventarlos por sí mismos".

Khadra se sorprende que, a pesar de las necesidades y la represión que viven, sigan amando la vida.

"Don Fuego representa el deber de reinventar el júbilo, que parece imposible. Mayensi encarna la necesidad de reconstruirse", resume.

De este nuevo mundo en el que se adentra hablará en la FIL, antes de migrar de manera literaria a una nueva geografía, México, pues revela que está por terminar una novela que transcurre en Chihuahua, a publicarse en 2019.





jueves, 2 de noviembre de 2017

‘Romper el silencio’, una confesión de 22 periodistas mexicanos ante las agresiones

Un libro ideado tras la muerte de Javier Valdez reúne el relato de periodistas de diversos Estados del país para contar sus historias



La mañana del 7 de octubre de 2007 tres repartidores de periódicos que trabajaban para el diario El Imparcial del Istmo fueron acribillados. Martha Izquierdo, quien trabajaba en el Estado de Oaxaca como corresponsal del diario nacional Reforma, llegó a cubrir la nota hasta la autopista donde habían encontrado los cuerpos dentro de un coche. En el lugar, custodiado por militares y policías, la periodista recibió una llamada que desató su angustia. "Pinche periodista, la que sigues eres tú, deja de publicar chingaderas o te va a cargar la verga", le advirtió un hombre con acento norteño. La mujer se subió a su auto y se regresó a Ciudad Ixtepec, donde vivía, en un trayecto de 45 minutos que le parecieron eternos.


Al llegar a su casa tomó una maleta con unas cuantas pertenencias y salió del Estado con el apoyo del medio donde trabajaba. "Nunca había sentido tanto miedo, no dejaba de pensar que al llegar a la Ciudad de México me dijeran que habían matado a mi esposo, a mis hermanos, o que alguien me estuviera esperando para querer hacerme algo", cuenta Martha Izquierdo en entrevista con este medio. El relato de la periodista, titulado Entre el miedo y la pasión, está recopilado en el libro Romper el Silencio, una publicación que reúne las historias de 22 periodistas de diversos Estados de México que cuentan las amenazas y el hostigamiento que viven a diario.


Martha, una periodista de 45 años, fue una de las primeras reporteras en documentar los secuestros de migrantes por parte del crimen organizado en su trayecto hacia Estados Unidos abordo del tren conocido como La Bestia. También fue una de las que mayor cobertura les dio a las ejecuciones y los enfrentamientos entre policías y delincuentes que se agudizaron con la llegada del cártel Los Zetas a Juchitán, y contó la colusión de estos criminales con las autoridades. "Meses después de aquella llamada regreso a mi Estado por decisión mía, pero casi no salía de mi casa, no dejaba de ver los retrovisores en el auto y las amenazas siguieron, fue horrible”, dice. A partir de entonces tomó la decisión de dejar de cubrir tantos temas de violencia y crimen organizado.
Desde el 2007 que comenzó a recibir las primeras amenazas, éstas no han cesado. Actualmente está en el mecanismo de protección a periodistas del Gobierno federal porque el año pasado un alcalde la amenazó. Martha había dado a conocer que el munícipe desvío recursos públicos del Ayuntamiento a su bolsillo. “Dos hombres me dejaron un recado con el velador de la radio (donde trabaja) para que dejara de estar chingando. Por eso estoy bajo el mecanismo”, explica.
El libro fue publicado por la Brigada para leer en libertad, una asociación dedicada a fomentar la lectura, y está editado por Alejandro Almazán, Daniela Rea y Emiliano Ruiz Parra, periodistas radicados en la Ciudad de México. La idea la tenían desde principios de año, pero cobró más fuerza tras el asesinato del periodista Javier Valdez ocurrido en Sinaloa en mayo de este año. "Convocamos a colegas de los Estados con dos preguntas muy simples: ¿Qué significa hacer periodismo en una zona violenta? y ¿Qué a perdido la sociedad cuando se ha agredido a periodistas?", cuenta Emiliano Ruiz Parra.

El resultado es un libro de crónicas donde los reporteros escriben desde el género de la confesión y adquieren un protagonismo que no habían tenido. "Solicitamos los textos en un momento donde muchos de ellos ya habían procesado (toda la violencia que vivieron) y podían contar esas historias". En algunos casos escriben con un sentimiento de culpa al no poder publicar ciertos temas ante el miedo por las amenazas o el hostigamiento. "Este libro quería escuchar las historias de los reporteros de los estados, que los teníamos o los tenemos un poco olvidados y se hizo con una carga emocional muy fuerte, con el riesgo que implicaba hacerlo todo tan rápido", expone Ruiz Parra.
Otro de los testimonios que contiene la publicación es el de la periodista Patricia Mayorga, que tuvo que salir de Chihuahua días después de que mataran a su colega Miroslava Breach en marzo de este año. “Me sirvió escribirlo (el relato) porque es darle forma a esto que estoy viviendo”, dice en entrevista con este diario. Ella y Miroslava compartían coberturas y temáticas. Ambas documentaron la narcopolítica en el Estado y el desplazamiento de los tarahumaras en la sierra, por eso Patricia tuvo que salir de su tierra días después del homicidio de su amiga y actualmente se encuentra exiliada. “Encontrarme con otros periodistas en sus textos me hizo sentir menos sola porque aunque hay mucha gente cerca y muchas organizaciones, el desplazamiento es un proceso muy solitario”, manifiesta.
El libro se presentó el pasado 21 de octubre en la Feria del Libro del Zócalo, en la Ciudad de México, donde varios de los reporteros que colaboraron expusieron la forma de hacer periodismo en sus Estados, donde no sólo enfrentan amenazas, sino pésimas condiciones laborales. Durante el evento, Gerardo Romo Arias, de Zacatecas, pidió solidaridad con el gremio. "Yo a lo que aspiro es que seamos hoy más solidarios en la vida que en la muerte y este testimonio, este documento, es ese grito. Es hoy cuando tenemos que ser solidarios, y no cuando tengamos que estar en las tumbas", expresó.
  El Pais internacional - México