miércoles, 18 de octubre de 2017



No es fácil explicar a la población por qué es relevante el asesinato de periodistas. Inclusive, en el mismo gremio, hay voces que parecen no entenderlo. En un país donde decenas de miles mueren al año la cuestión –genuina en su ignorancia, o perversa y alentada desde la oscuridad–, es pertinente ¿por qué los periodistas merecen un trato de excepción?

La explicación es simple: porque al matar a un periodista hay alguien que intenta impedir que la sociedad sepa algo que debe saber. En términos más abstractos, se cancela un principio fundamental y, como principio es inicio, comienzo, lo que se cancela es uno de los fundamentos sobre los que se empieza y prevalece una sociedad moderna, pervirtiendo la aspiración democrática que le es propia. La explicación, mi explicación, quizás no dice suficiente.

Pero hay quienes sí pueden expresar mejor lo que ocurre detrás de ese silenciamiento brutal: la Birgada Cultural “Para leer en libertad” y la Red de Periodistas de a Pie, acaban de publicar el libro “Romper el silencio. 22 gritos contra la censura”, editado por los periodistas Alejandro Almazán, Daniela Rea y Emiliano Ruiz Parra.

Se trata de 22 trabajos sobre la forma en que el mismo número de periodistas de todo el país explican lo que ocurre en sus redacciones, coberturas y cotidianidad: la censura, las presiones y amenazas que impactan su trabajo y, por lo tanto, la libertad de expresión.

Ahí están contenidas las historias de muerte y desaparición de colegas; de amenaza del crimen y de la clase política, muchas veces amalgamadas; de la censura y la autocensura; de la exclusión lo mismo de los grupos de poder que de las organizaciones sociales. La experiencia de vivir con miedo, con luto. La normalidad laboral de malos salarios, de periodistas viejos y enfermos que arrastran su pobreza, sobreponiéndose apenas al servicio de poderes formales o criminales, o que pasan sus días en la desesperanza.

Hay historias de las pesquisas judiciales para presionar líneas editoriales; de las conciliaciones extrajudiciales para evitar el desgaste; de los conciliábulos y las censuras por los contratos de publicidad que directivos y patrones anteponen  al deber de informar.

Son los testimonios de lo que ocurre en la mayor parte del país, inclusive en la Ciudad de México, si bien con cierto disimulo, pero que rompiendo el centralismo al que no escapan los periodistas ni las luchas, viene de la periferia hacia el centro, como lo exponen los editores.

Una cuestión central, de la introducción: ¿por qué estas mujeres y hombres siguieron yendo con sus libretas y sus cámaras a cubrir noticias?

La respuesta es contundente: porque son luchadores por la libertad.

No quiero ni voy a reseñar este libro –pleno de identificación, de reconocimiento en el otro que padece en un lugar del sur lo mismo que el del norte, cambio de nombres y fisonomías, mismos síntomas y consecuencias.

Lo que importa es lo que ahí se cuenta y que, para fortuna nuestra, está disponible para descarga en el siguiente vínculo: http://brigadaparaleerenlibertad.com/librosgratis/

Arturo Rodríguez García

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