jueves, 2 de noviembre de 2017

‘Romper el silencio’, una confesión de 22 periodistas mexicanos ante las agresiones

Un libro ideado tras la muerte de Javier Valdez reúne el relato de periodistas de diversos Estados del país para contar sus historias



La mañana del 7 de octubre de 2007 tres repartidores de periódicos que trabajaban para el diario El Imparcial del Istmo fueron acribillados. Martha Izquierdo, quien trabajaba en el Estado de Oaxaca como corresponsal del diario nacional Reforma, llegó a cubrir la nota hasta la autopista donde habían encontrado los cuerpos dentro de un coche. En el lugar, custodiado por militares y policías, la periodista recibió una llamada que desató su angustia. "Pinche periodista, la que sigues eres tú, deja de publicar chingaderas o te va a cargar la verga", le advirtió un hombre con acento norteño. La mujer se subió a su auto y se regresó a Ciudad Ixtepec, donde vivía, en un trayecto de 45 minutos que le parecieron eternos.


Al llegar a su casa tomó una maleta con unas cuantas pertenencias y salió del Estado con el apoyo del medio donde trabajaba. "Nunca había sentido tanto miedo, no dejaba de pensar que al llegar a la Ciudad de México me dijeran que habían matado a mi esposo, a mis hermanos, o que alguien me estuviera esperando para querer hacerme algo", cuenta Martha Izquierdo en entrevista con este medio. El relato de la periodista, titulado Entre el miedo y la pasión, está recopilado en el libro Romper el Silencio, una publicación que reúne las historias de 22 periodistas de diversos Estados de México que cuentan las amenazas y el hostigamiento que viven a diario.


Martha, una periodista de 45 años, fue una de las primeras reporteras en documentar los secuestros de migrantes por parte del crimen organizado en su trayecto hacia Estados Unidos abordo del tren conocido como La Bestia. También fue una de las que mayor cobertura les dio a las ejecuciones y los enfrentamientos entre policías y delincuentes que se agudizaron con la llegada del cártel Los Zetas a Juchitán, y contó la colusión de estos criminales con las autoridades. "Meses después de aquella llamada regreso a mi Estado por decisión mía, pero casi no salía de mi casa, no dejaba de ver los retrovisores en el auto y las amenazas siguieron, fue horrible”, dice. A partir de entonces tomó la decisión de dejar de cubrir tantos temas de violencia y crimen organizado.
Desde el 2007 que comenzó a recibir las primeras amenazas, éstas no han cesado. Actualmente está en el mecanismo de protección a periodistas del Gobierno federal porque el año pasado un alcalde la amenazó. Martha había dado a conocer que el munícipe desvío recursos públicos del Ayuntamiento a su bolsillo. “Dos hombres me dejaron un recado con el velador de la radio (donde trabaja) para que dejara de estar chingando. Por eso estoy bajo el mecanismo”, explica.
El libro fue publicado por la Brigada para leer en libertad, una asociación dedicada a fomentar la lectura, y está editado por Alejandro Almazán, Daniela Rea y Emiliano Ruiz Parra, periodistas radicados en la Ciudad de México. La idea la tenían desde principios de año, pero cobró más fuerza tras el asesinato del periodista Javier Valdez ocurrido en Sinaloa en mayo de este año. "Convocamos a colegas de los Estados con dos preguntas muy simples: ¿Qué significa hacer periodismo en una zona violenta? y ¿Qué a perdido la sociedad cuando se ha agredido a periodistas?", cuenta Emiliano Ruiz Parra.

El resultado es un libro de crónicas donde los reporteros escriben desde el género de la confesión y adquieren un protagonismo que no habían tenido. "Solicitamos los textos en un momento donde muchos de ellos ya habían procesado (toda la violencia que vivieron) y podían contar esas historias". En algunos casos escriben con un sentimiento de culpa al no poder publicar ciertos temas ante el miedo por las amenazas o el hostigamiento. "Este libro quería escuchar las historias de los reporteros de los estados, que los teníamos o los tenemos un poco olvidados y se hizo con una carga emocional muy fuerte, con el riesgo que implicaba hacerlo todo tan rápido", expone Ruiz Parra.
Otro de los testimonios que contiene la publicación es el de la periodista Patricia Mayorga, que tuvo que salir de Chihuahua días después de que mataran a su colega Miroslava Breach en marzo de este año. “Me sirvió escribirlo (el relato) porque es darle forma a esto que estoy viviendo”, dice en entrevista con este diario. Ella y Miroslava compartían coberturas y temáticas. Ambas documentaron la narcopolítica en el Estado y el desplazamiento de los tarahumaras en la sierra, por eso Patricia tuvo que salir de su tierra días después del homicidio de su amiga y actualmente se encuentra exiliada. “Encontrarme con otros periodistas en sus textos me hizo sentir menos sola porque aunque hay mucha gente cerca y muchas organizaciones, el desplazamiento es un proceso muy solitario”, manifiesta.
El libro se presentó el pasado 21 de octubre en la Feria del Libro del Zócalo, en la Ciudad de México, donde varios de los reporteros que colaboraron expusieron la forma de hacer periodismo en sus Estados, donde no sólo enfrentan amenazas, sino pésimas condiciones laborales. Durante el evento, Gerardo Romo Arias, de Zacatecas, pidió solidaridad con el gremio. "Yo a lo que aspiro es que seamos hoy más solidarios en la vida que en la muerte y este testimonio, este documento, es ese grito. Es hoy cuando tenemos que ser solidarios, y no cuando tengamos que estar en las tumbas", expresó.
  El Pais internacional - México 

martes, 24 de octubre de 2017

Carmen Aristegui levanta la voz con la #BrigadaFILZócalo17


La periodista mexicana Carmen Aristegui, visitó el día de ayer, la XVII Feria Internacional del Libro del Zócalo 2017 (FIL Zócalo 2017), de la Ciudad de México, para debatir y compartir su opinión en el Foro Javier Valdez Cárdenas.

En la tarde del día de ayer domingo 22, Aristegui, reunió también a los periodistas Jenaro Villamil y Fabrizio Mejía, y destacó de entre otros temas, que las elecciones del 2018 serán el “tsunami de elecciones”, por lo que es indispensable revisar el estado actual de la sociedad mexicana, que tiene el gran reto de participar de manera activa, crítica y exigente.

Foro Javier Valdez Cárdenas

El Foro Javier Valdez Cárdenas, se realizó en honor al periodista del El Debate, asesinado el pasado mes de mayo, y tal y como insistió Carmen Aritegui, a la memoria de tantos periodistas asesinados en México en los últimos años.


Carmen Aristegui: ¡Ni uno más!

Un espacio para retomar el tema de los asesinatos a periodistas en México y los atentados a la libertad de expresión, a la memoria de aquellos que han sido abatidos por informar y en ese camino, haberse encontrado con la muerte, un  tema que motivó en la audiencia el grito de “No al silencio” y el llamado a “Ni uno más”.

Por su parte el periodista Fabrizio Mejía, insistió en que el reto será evitar que se vuelvan a dar amenazas, compra de votos, sobornos y extorsión de la autoridad a los ciudadanos, como han pasado en otras elecciones.

El Foro Javier Valdez Cárdenas, en la XVII Feria Internacional del Libro del Zócalo 2017, ha sido un espacio para el análisis profundo, y para denunciar otros asuntos de carácter político y social que normalmente no vemos y apreciamos en los medios de comunicación.


miércoles, 18 de octubre de 2017



No es fácil explicar a la población por qué es relevante el asesinato de periodistas. Inclusive, en el mismo gremio, hay voces que parecen no entenderlo. En un país donde decenas de miles mueren al año la cuestión –genuina en su ignorancia, o perversa y alentada desde la oscuridad–, es pertinente ¿por qué los periodistas merecen un trato de excepción?

La explicación es simple: porque al matar a un periodista hay alguien que intenta impedir que la sociedad sepa algo que debe saber. En términos más abstractos, se cancela un principio fundamental y, como principio es inicio, comienzo, lo que se cancela es uno de los fundamentos sobre los que se empieza y prevalece una sociedad moderna, pervirtiendo la aspiración democrática que le es propia. La explicación, mi explicación, quizás no dice suficiente.

Pero hay quienes sí pueden expresar mejor lo que ocurre detrás de ese silenciamiento brutal: la Birgada Cultural “Para leer en libertad” y la Red de Periodistas de a Pie, acaban de publicar el libro “Romper el silencio. 22 gritos contra la censura”, editado por los periodistas Alejandro Almazán, Daniela Rea y Emiliano Ruiz Parra.

Se trata de 22 trabajos sobre la forma en que el mismo número de periodistas de todo el país explican lo que ocurre en sus redacciones, coberturas y cotidianidad: la censura, las presiones y amenazas que impactan su trabajo y, por lo tanto, la libertad de expresión.

Ahí están contenidas las historias de muerte y desaparición de colegas; de amenaza del crimen y de la clase política, muchas veces amalgamadas; de la censura y la autocensura; de la exclusión lo mismo de los grupos de poder que de las organizaciones sociales. La experiencia de vivir con miedo, con luto. La normalidad laboral de malos salarios, de periodistas viejos y enfermos que arrastran su pobreza, sobreponiéndose apenas al servicio de poderes formales o criminales, o que pasan sus días en la desesperanza.

Hay historias de las pesquisas judiciales para presionar líneas editoriales; de las conciliaciones extrajudiciales para evitar el desgaste; de los conciliábulos y las censuras por los contratos de publicidad que directivos y patrones anteponen  al deber de informar.

Son los testimonios de lo que ocurre en la mayor parte del país, inclusive en la Ciudad de México, si bien con cierto disimulo, pero que rompiendo el centralismo al que no escapan los periodistas ni las luchas, viene de la periferia hacia el centro, como lo exponen los editores.

Una cuestión central, de la introducción: ¿por qué estas mujeres y hombres siguieron yendo con sus libretas y sus cámaras a cubrir noticias?

La respuesta es contundente: porque son luchadores por la libertad.

No quiero ni voy a reseñar este libro –pleno de identificación, de reconocimiento en el otro que padece en un lugar del sur lo mismo que el del norte, cambio de nombres y fisonomías, mismos síntomas y consecuencias.

Lo que importa es lo que ahí se cuenta y que, para fortuna nuestra, está disponible para descarga en el siguiente vínculo: http://brigadaparaleerenlibertad.com/librosgratis/

Arturo Rodríguez García

Saiz, Taibo y la Brigada por la libertad


La cita fue en Paseo de la Reforma. Era junio de 2011 y unas semanas antes había conocido a Marina y Jose. El camellón lateral sur estaba convertido en un auténtico tianguis multicolor, como todos los tianguis pero este, era una aparición extraña, inverosímil: Las mesas revestidas de temporalidad funcional, mostraban libros; había cajas acomodadas, como en mercado sobre ruedas, pero en lugar de frutas y verduras, contenían más libros y un cartel: $5.00 pesos o 15 o 20… Al alcance de cualquier bolsillo un inagotable acervo de clásicos y las más diversas temáticas. De los toldos colgaban tendederos como suelen colgar los de dvds pirata, pero en lugar de estos había poemas gratuitos, impresos en hojas de colores, palabras en verso para la eternidad.

La música que salía de los altavoces no era de perreos reguetoneros, sino un ska pegajoso, posiblemente de la legendaria y contestataria banda Salario Mínimo. Jose es un melómano sin petulancia, tolerante a las concepciones estéticas de los demás, e involuntariamente, llegamos a su pasión, el rock progresivo. A la distancia vi a Marina junto a su madre, Paloma, anfitrionas del colega Alejandro Sánchez, que llegaba a presentar su libro.

El tianguis llevaba año y medio de pasar de un lugar a otro, casi siempre en espacios comunitarios, desde que se instaló en Cuautepec Barrio Bajo en la delegación Gustavo A Madero a principios de 2010. Era un baldío tan peligroso que nadie se atrevía a pasar hasta que llegó la Brigada Cultural para Leer en Libertad, y el escritor Paco Ignacio Taibo II embelezó a los vecinos con sus relatos. La descripción de Marina es vivaz, heredera de las hipnóticas narraciones de Paco. Semanas después, los vecinos se organizaron, gestionaron un gimnasio y un comedor comunitario al que pronto se añadió una biblioteca donada por la brigada. Cuando se enteraron, los de Cuautepec Barrio Alto, y otras comunidades de la ciudad, empezaron a pedir donación de libros.

Aquella vez fue mi primer acercamiento a la Brigada.

Yo sabía, por algunas notas periodísticas, que Paloma Saiz, había dejado el gobierno capitalino, por diferencias con Elena Cepeda –hoy primera dama de Morelos que aspira a duplicar período con la postulación de su hijo para suceder a su marido–, que en ese tiempo era secretaria de Cultura. Diferencias, concepciones de la cultura, inconciliables.
Desde hace años los gestores culturales de muchos gobiernos se han vuelto más facciosos, son círculos de amigos para beneficiar amigos y, no conformes, han convertido los programas en una vil agencia de contratación de espectáculos con cargo al erario. Bajo la divisa “todo es cultura” –en realidad una fórmula de dar recursos a la televisión que corresponde con la promoción personal de los gobernantes–, la onda grupera y las estrellas del canal de las estrellas se chupan los de por sí escasos presupuestos destinados al fomento cultural.

En contraste a esa tendencia, Paloma Saiz había implementado en dos años una serie de programas excepcionales: “Para leer de boleto en el Metro”, que regalaba tomos para el trayecto; “Sana leyendo”, que repartía libros en hospitales; “Letras en guardia”, que daba libros a policías y, “Libros en llamas”, que hacía lo mismo con bomberos. A Cepeda no le gustaban esos programas y todo se complicó cuando intentó modificar fechas de la Feria Internacional del Libro del Zócalo 2009 (FIL Zócalo), pero ya estaba todo programado y hacerle caso implicaba un enorme esfuerzo presupuestal, así como la cancelación de autores nacionales y extranjeros.

Paloma se fue y decidió articular desde la sociedad civil la socialización de la cultura que el gobierno de supuesta izquierda rechazaba. Dos meses después de dejar el cargo como directora de la FIL Zócalo, realizó el primer tianguis librero y, hasta aquel encuentro de junio de 2011, ya llevaba cerca de 50 tianguis en barrios y comunidades pobres.
Lo hizo con pura voluntad, articulando sus amplias relaciones en el mundo editorial que cedía excedentes o remanentes a precios bajos. También con el mundo de las letras, el arte y el periodismo que cedían sus derechos sobre obras, juntó algunos patrocinadores solidarios y, comenzó a regalar ejemplares en los tianguis y, luego, en el Metro. Su segundo tiro para el trayecto: 250 mil ejemplares, en la Línea 2, en enero de 2015, como parte de una segunda tanda que proponía fomentar que se regresaran los libros para reuso, algo que increíblemente atendieron los usuarios en un 70 por ciento de devoluciones.
En el tiempo que quedaba al gobierno de Marcelo Ebrard, la brigada pudo instalarse, no sin obstáculos y permisos retrasados que amenazaban con suspender, por ejemplo, el tianguis de la Alameda, ese lugar de paseo popular. Patentaban las trabas el encono de Cepeda, explicable sólo en el carácter faccioso de una gestión cultural con talante autoritario.



***

El primer año del regreso del PRI a la Presidencia, fue también el del regreso de la represión. La Ciudad de México, con la sociedad más politizada y participativa del país, empezó a resentir los gases, toletes y escudos policiales, rebajada la imagen institucional cuando añadieron a su equipo palos, tubos, piedras y cadenas. Los policías como pandilleros.

El jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera se alineó fácil y rápido, a la necesidad presidencial de disuadir todo brote de protesta social, algo que ha marcado su administración y constituye una grotesca regresión en las libertades fundamentales conquistadas a sangre y llanto por los capitalinos.
En septiembre de 2013, para que Enrique Peña Nieto pudiera encabezar la primera ceremonia del Grito de Independencia, un enorme campamento de maestros inconformes con la Reforma Educativa, fue desalojado con furia. Aunque los profesores estaban retirándose pacíficamente del Zócalo, gobiernos federal y de la ciudad, no tuvieron miramientos para el atropello.

En el Centro Histórico capitalino, los dos gobiernos, el de Mancera y el de Peña Nieto, ordenaron un cerco policiaco que –con un poco más de discreción y merced a los numerosos espectáculos intrascendentes que se montan–, ahí sigue. Muy pocas son las protestas que pueden llegar al Zócalo, repleto desde varias cuadras de antimotines y agentes de civil, que lo mismo golpean una marcha de invidentes –sí, de invidentes—que borran pintas de cal frente a Palacio Nacional, cuando se exige justicia por los asesinatos de periodistas, un reclamo que dirigido a Peña Nieto, el mancerismo repudia.
En el mes que siguió al primer Grito de Peña Nieto –llena la plancha del Zócalo de acarreados mexiquenses, puro clientelismo—el cerco policiaco se mantuvo hasta el anuncio de aplazar la feria del libro de octubre. No querían retirar el cerco policiaco y Mancera alegaba que la feria se realizaría hasta que hubiera “condiciones”. En respuesta, Paco Ignacio y Fabrizio Mejía Madrid convocaron a escritores y lectores, a tender un cerco de libros.

Quizás sea por su profundo conocimiento de la historia que Paco hace épica cada una de sus batallas. Aquello fue conmovedor, ingenioso, en verdad antepuso la pluma a la espada, los libros a los escudos y macanas. Ganó la pluma, pero sobretodo ganaron los lectores pues antes de que el cerco de libros se realizara, Mancera retiró el despliegue policiaco. Aun así, el cerco librero se realizó y durante varias horas escritores y lectores repartieron gratis los libros de la Brigada, textos de Fabrizio, y poemas de Taibo.
“Logramos que el Zócalo se abra para los libros. Es una reconquista cultural”, celebró Fabrizio en sus redes sociales.

***


Paloma y Paco Ignacio construyeron un espacio de libertad. Fui beneficiario de ello. En 2015, las ferias de libro de diferentes ciudades del país no quisieron programar la presentación de “El regreso autoritario del PRI”, mi libro –en una ocasión inclusive me cancelaron el mismo día “por el tema”. Muchos medios de comunicación se negaron a conceder un espacio. Salió una semana antes del despido de Carmen Aristegui de MVS, y nadie quería hacer enojar al gobierno. Se enteraron Marina y Jose, me llamaron y programaron una presentación que ella misma condujo denunciando la censura. No he sido el único favorecido.

El problema con los libros de periodistas, libros-reportaje, la no-ficción, es de difusión. Un buen trabajo periodístico, publicado en un medio de comunicación, puede llegar a millones de personas, hoy más que nunca, con un click. Un libro se coloca en estanterías, se presentan fragmentos o entrevistas en alguna sección de ciertos medios –conforme a los más variados intereses y caprichos personales o editoriales de quien toma decisiones–, y se programan algunas presentaciones –no demasiadas—en ferias libreras a las que asiste casi el mismo público: 20 o 30 o 50 interesados heroicos que van de una presentación a otra, toman la palabra y compran un tomo… pero en ocasiones ni ellos.

Claro que hay casos excepcionales de ventas por 100 mil ejemplares, 200 mil cuando más. Son best seller en un parámetro que promedia unos 7 mil ejemplares de venta en libros periodísticos; buena venta, 15 mil ejemplares. Un editor –medio en broma, medio en serio—me dijo que los libros motivacionales, de conspiraciones o fantasías eróticas que sacan a las amas de casa del tedio –publicaciones de precariedad testimonial y pobreza narrativa que se venden por millones–, son los que permiten la aparición de numerosos títulos periodísticos que no son negocio.

Las oficinas de comunicación social y relaciones públicas gubernamentales, siempre atentas a evitar el escándalo de sus jefes, por los libros ni se preocupan. La censura en realidad es mala política comunicacional, si se piensa que es más devastador un hashtag y 140 caracteres denunciando al censor, que la tinta derramada en 300 páginas.
Uno puede plantearse sobre el periodista ¿por qué escribe un libro? Por ganar dinero? Por cobrar prestigio o fama? por hacerse un nombre entre pares que muy seguramente  no lo leerán?

En realidad, un periodista escribe un libro porque considera que tiene algo que contar, algo que debe darse a conocer a mayor detalle y que supera los cuando mucho 10 mil caracteres promedio del reportaje largo en un medio. Es la misma motivación que lo lleva a publicar una noticia, reportaje o crónica: descubrir algo que está oculto, despejar lo que está en tinieblas; informar aquello que se desconoce; aportar los elementos que permitan al lector comprender determinado asunto que es de interés público.

El esfuerzo es enorme. Hay que alternar el trabajo cotidiano: la cobertura de lo que el jefe de la respectiva redacción cree noticiable; horas de trayecto para reportar lo que se diga en un discurso al que hay que poner atención, por tedioso e irrelevante que sea; entrevista improvisada de banqueta sobre los temas más variados –ponte al día para no errar sobre el programa nuclear, la inversión hidráulica, la política exterior, el hecho de sangre, el negocio energético o el más reciente escándalo de la farándula nunca como ahora tan implicada en la vida política–; presión para ser el primero en “subir” la nota; segunda versión más detallada; el imprevisto incidente que altera la agenda; cuida la redacción, el orden y sobretodo el enfoque.

O bien, sacrificar ingreso por libertad: hazte freelance. Eso implica armar los trabajos necesarios para ver si los puedes colocar por un retribución modesta; sumar reservas para los días de sequía; programar un presupuesto austero; ubicar las fechas de certámenes a los que pueda presentarse algún trabajo, agendar un tema y cuidarlo para ser premiado y poder ingresar un dinerillo extra; invertir en equipo cuando se pueda (porque a veces una memoria SD vale lo mismo que pagan por un texto y que, de todas maneras, en la redacción si estuviera en nómina no proveerán… vaya, que ni grabadoras entregan y cuestan lo que muchos periodistas ganan al mes).

En una u otra modalidad laboral, hay que apartar espacio para escribir el libro que leerán muy pocos. A la presentación estelar llegará la gente que te quiere, tus amigos y familia, tus fuentes –a veces agradecidas y otras encabronadas por el tratamiento–, algún amigo oficiará de presentador y habrá un espacio de firmas y dedicatorias en las que se adoptará el tono del que le habla a la posteridad. Venderás 7 mil ejemplares o menos, con mucho esfuerzo –y si te lo distribuye Sanborns, que no siempre quiere– y a veces quedarás debiendo parte del anticipo que te dio la editorial a la firma del contrato.

Así que la idea del libro no es hacer rico al periodista sino contar, socializar una situación que el aparato editorial no ayuda mucho a socializar. Y de repente, está la Brigada Cultural “Para Leer en Libertad” que te lleva a barrios y comunidades a las que nunca llegaría uno de tus libros. Y ahí estás, hablando con gente de los oficios, obreros y oficinistas, mujeres y hombres de la baja burocracia, empleados del comercio formal o comerciantes ambulantes, amas de casa, jóvenes con interés en saber… estás ahí, gracias a la Brigada, en el mundo real.

***



Un asiduo a los tianguis, ferias y remates de la Brigada Cultural fue Javier Valdez Cárdenas, el periodista sinaloense asesinado a tiros el pasado 15 de mayo. Un crimen que, como todos los crímenes de periodistas, sigue impune.

La situación es frustrante. En lo que va de este año van 11 asesinatos de colegas y, cuando mataron a Javier Valdez hubo un breve, efímero, momento de solidaridad de cierto sector oenegero, de los intelectuales que al menos se expresaron en su cuenta de Twitter o en algún artículo. Para entonces, ya se contaba el asesinato en marzo de Miroslava Breach, corresponsal de La Jornada en Chihuahua, como Javier lo era en Sinaloa. Ambos, gozaban de prestigio profesional, eran conocidos en la Ciudad de México lo que suponía les confería mayor visibilidad y, por lo tanto, seguridad. Cuando varios colegas convocaron a empapelar la fiscalía especializada en el asunto, sólo vi, discreta, solidaria, sin procurar reflectores, a Elena Poniatowska. Ningún escritor más.

Hubo un acto presidencial. Peña Nieto juntó a los gobernadores y, básicamente, les dijo que los asesinatos de periodistas eran de su competencia y los llamó a hacerse responsables. Anunció cambios en los programas que para entonces ni presupuesto tenían. Dos o tres foto-reporteros fueron los únicos que expresaron su inconformidad, sólo para ser intimidados al salir de Los Pinos, por el Estado Mayor Presidencial.

Luego, cambió la agenda, los intelectuales pasaron a otras cosas, la llama de esperanza que se había encendido en el gremio pronto fue braza exigua.

De mayo a la fecha, los tianguis de la Brigada Cultural han insistido en programar conversaciones, mesas redondas, diálogos y los libros del periodista sinaloense, que en megáfono virtual, difunden en directo por sus redes sociales. En estos días, la carpa más concurrida de la FIL del Zócalo, lleva por nombre “Javier Valdez Cárdenas” y es de la Brigada Cultural “Para Leer en Libertad”.


Los colegas –amigos de Javier y periodistas muy reconocidos—Alejandro Almazán, Daniela Rea y Emiliano Ruiz Parra, con la Red de Periodistas de a Pie, presentaron un proyecto a la Brigada Cultural. Así nació el libro “Romper el silencio. 22 gritos contra la censura”, que recoge el testimonio de colegas de todo el país sobre la forma en que lidian con la amenaza persistente, el horror de ver caer compañeros, las presiones de los poderes formales o criminales sobre sus redacciones, y en fin, con el largo listado de agresiones contra periodistas, que son contra la libertad de expresión. Como siempre hace la Brigada, el libro en su edición impresa es de distribución gratuita y en digital de descarga libre junto con 161 libros más para quien lo desee.

Paloma, Paco, Marina, Jose y su equipo, han aportado una vez más a la construcción de la libertad que tanta falta nos hace. Como pocos han dedicado estos años a socializar la lectura, pero también las problemáticas por las que atraviesan nuestras libertades, proporcionando al gremio un espacio de denuncia y al público, la posibilidad de comprender, con “Romper el silencio”, la terrible amenaza que el callar representa no sólo para los periodistas, también y principalmente para la sociedad. Por eso, quise escribir este texto sobre ellos.

Sobre “Romper el silencio” y para ir a los libros gratuitos de la Brigada, da click aquí

Arturo Rodríguez García


PATRIA de Taibo II según AMLO


Palabras de Andrés Manuel López Obrador en la presentación del libro “Patria” de Pacto Ignacio Taibo II
Amigas y amigos:
Es un timbre de orgullo estar aquí, participar como presentador del libro “Patria” de Paco Ignacio Taibo II. El autor de esta obra es un escritor extraordinario, tiene el talento para contar historias con rigor profesional y de manera sencilla, eso es un gran mérito, se trata de un intelectual esplendido y raro, porque en vez de dirigirse a las élites, se empeña en escribir única y exclusivamente para el pueblo raso.
No hay nada rebuscado, no escribe físico, suele decirse, cuando se escribe bájale, cuando es exactamente lo contrario, hay que subirle, hay que escribir para la gente, hay que escribir para el pueblo.
Asimismo, celebro que siendo Paco un escritor de izquierda, sin duda, incursione cada vez más en temas de historia patria.
Por ejemplo, su libro sobre el asesinato de Madero titulado: “Temporada de Zopilotes”, es un homenaje y una reivindicación al Apóstol de la Democracia en México, luego de años de olvido y ninguneo por parte del pensamiento radical, dedicado a la investigación y a la academia.
Ahora, con la publicación de “Patria”, Paco reafirma su vocación y su compromiso con la historia nacional que es el análisis y la reflexión sobre la Revolución de Ayutla, la Guerra de Reforma, la Intervención Francesa y la Caída del Imperio.
Los tres tomos son imprescindible, de obligada lectura, el contenido es aleccionador y de verdad se disfruta. Paco cuenta de manera magistralmente lo acontecido en este aciago y formativo periodo, intercalando retratos de los protagonistas, liberales y conservadores, con sus ideas políticas y las batallas militares.
En esta investigación queda de manifiesto el predominio que, en ese entonces, tenía el clero sobre las conciencias y la vida pública del país.

Téngase en cuenta que, como lo describe el autor, la mayoría de los liberales que llevaron a cabo, y esa es la bella paradoja, los que llevaron a cabo la Reforma y defendieron la república contra el imperio habían tenido casi todos ellos formación religiosa y, como es obvio, de influencia católica.
Guillermo Prieto había sido secretario de un sacerdote, era guadalupano y creía en dios. Santos Degollado trabajó de escribiente en la catedral de Morelia; Manuel Ruiz, ministro de Justicia, Negocios Eclesiásticos e Instrucción Pública en el primer gabinete del presidente de Benito Juárez, estuvo a punto de graduarse como sacerdote; Melchor Ocampo, entre otros liberales, estudió en el seminario.
A esta misma formación religiosa, pertenecían los más destacados dirigentes conservadores. “Los mochos” llamados así por secundar a Antonio López de Santa Anna, a quien le faltaba una pierna y todos ellos, la mayoría, eran por tradición familiar católicos.
Miguel Miramón ingresó al Colegio Militar, pero su padre quería que fuera sacerdote. Félix María Zuloaga pasó de seminarista a militar. Leonardo Márquez es considerado un terrible guerrero, un fanático que se bendecía y lloraba a lágrima viva, al mismo tiempo que cometía los crímenes más despiadados.
Juan Nepomuseno Almonte, conservador y pro monárquico, era hijo, ni más ni menos que el gran Morelos, a quien acompañaba de niño cuando el cura dirigía la guerra de Independencia.
Pero lo más destacado, entre otras importantes aportaciones en la obra de Paco Ignacio es que los liberales, puros o radicales, eran anticlericales, pero no antirreligiosos.
Francisco Zarco defendía esa postura, dejando de manifiesto lo siguiente, transcribo lo que cita a la vez Paco, decía Zarco: “el partido que quisiera destruir o desarraigar el catolicismo sería demente o insensato, porque intentaría lo imposible, lo peligroso, lo criminal. Nosotros […] en las sublimes verdades del cristianismo, encontramos condenado el despotismo y la opresión”, cierro la cita.
Inclusive, Paco, el gran narrador de esta historia sostiene que “desde su ateísmo… no puede menos que deshacer el falso mito de que la vanguardia liberal que era atea”.
Ahora bien, este proceso de transformación que inicia con el Plan de Ayutla y concluye con la Caída del Imperio y la Restauración de la República en 1867, es uno de los episodios de mayor confrontación política en nuestro país. Nunca se habían librado tantas batallas en el terreno ideológico y militar como en esos trece años de nuestra historia. La guerra era lo predominante.
Paco cuenta a detalle cada una de las acciones bélicas e incluye, desde luego, sus conocimientos y también deja ver su fascinación por el manejo de la estrategia militar.
A pesar de que no hay ningún escritor menos que conozca, que sea tan minucioso en sus observaciones en esta materia de la estrategia en la guerra, insiste en subrayar, lo cito que “no es fácil narrar una batalla en la que participan más de 20 mil hombres. El conjunto, el movimiento de las grandes columnas, las órdenes de los generales, no dejan ver al infante metido en una zanja y muerto de miedo. Los clarines y los cañonazos tapan los gritos de los heridos. La ausencia de testimonios de los de abajo no puede ser suplida con nada” y de manera por demás exigente Paco dice: “Quede, pues, en esqueleto de esta historia”.
El libro “Patria”, sin embargo, es  mi opinión, está muy bien concebido y extraordinariamente narrado. La prosa es impecable y su contenido está lleno de sabiduría y algo que es fundamental, está lleno de sentimientos.
Por ejemplo, cuando trata lo de la aprehensión y el fusilamiento de Melchor Ocampo se enchina la piel. Recoge los diálogos básicos, citó: “El cura del pueblo, de apellido Morales, intentó confesar a Ocampo y recibió una amable respuesta: ‘No se moleste usted, yo estoy bien con Dios y él está bien conmigo’… Le pidieron que se arrodillara y respondió: ¿Para qué?, estoy bien a nivel de las balas…”.
Sólo hizo una solicitud: ‘Que me peguen aquí’, señalándose el pecho”. Así caía quien había pronunciado frases memorables como aquella de “ser liberal cuesta mucho trabajo, ya que se precisa el ánimo de ser hombre en todo”. O eso en lo que decía: “me quiebro pero no me doblo”, o una que aplica para estos tiempos, “los moderados no son más que conservadores más despiertos”.
Pero el fondo del asunto, aunque lo trata Paco, requiere de mayor énfasis y se puede resumir en la pregunta: ¿cómo fue que con tanto poder del clero, en todos los órdenes de la vida pública, los liberales lograron triunfar y llevar a cabo una profunda reforma que ha sido nuestro distintivo a nivel mundial?, el principal aporte.
Era tan difícil enfrentar al clero y expropiarle sus bienes que algunos han llegado a pensar que todo fue obra de la providencia, de la suerte o de una chiripa histórica. Pero no se trató de una estrategia política genial.
En Veracruz, el 12 de julio de 1859, el presidente Juárez proclama la nacionalización de los bienes del clero y se ponen al mercado sus grandes extensiones de terrenos, lo cual despierta el apetito de hacendados y comerciantes que empiezan, por un interés, a tomar partido a favor de la causa liberal.
Es cierto que esta medida no produjo tantos ingresos como se esperaba, pero fue decisiva para que los particulares, potenciales compradores de las tierras del clero, no se adhirieran y apoyaran con peones y dinero a las fuerzas conservadoras.
También considero indispensable profundizar más sobre el liberalismo y el conservadurismo, corrientes ideológicas fundamentales, en la historia de nuestro país y la historia del mundo.
Destacan en la historia de las ideas políticas: el comunismo, el fascismo, el socialismo, el capitalismo, pero subyacen como troncos básicos el liberalismo y el conservadurismo.
Téngase en cuenta que cuando triunfa la causa de la república y se derrota a la reacción y al intervencionismo, inclusive con la ejecución de Maximiliano, de Miramón y Mejía en Querétaro, se llegó a pensar que el conservadurismo no volvería a renacer y, sin embargo, este pensamiento resurge, poco después, en el Porfiriato y se mantiene con vigor y fuerza hasta nuestros días.

Hace poco, en una visita a San Quintín, Baja California, un migrante, un jornalero, poblano mayor de edad, haciendo referencia al neoconservadurismo de actualidad me proponía lo siguiente, me insistía, me decía que así como Juárez separó el poder de la Iglesia del poder del Estado, ahora era indispensable licenciado separar el poder económico del poder político, en fin.
En fin, hay que leer “Patria” de Paco Ignacio, los tres tomos publicados y los que vienen. No se puede transformar al México actual sin conocer la historia. Y mucho menos se puede transformar al México actual sin hacer historia, la política es hacer historia. Muchas gracias Paco por estas obras.PATRIA

AMLO futuro Presidente de México.- Taibo


Cd. de México (17 octubre 2017).- La presentación de la trilogía "Patria", de Paco Ignacio Taibo II, fue un acto lleno de aplausos para Andrés Manuel López Obrador y su campaña en contra de la corrupción.

Ante unas 600 personas que lo vitorearon, Taibo llamó al presidente nacional de Morena "el futuro Presidente de México".

En "Patria" (Editorial Planeta), el autor escribe sobre el periodo histórico de México entre la Revolución de Ayutla, de 1854 a 1857, y la Guerra de Reforma, 1857 a 1961, un periodo lleno de mexicanos ejemplares, según consideró Taibo.


"José Santos Degollado cosía los uniformes de sus oficiales al final de una batalla, aprovechando que era sastre, y cuando en Morelia le regalaron una botella de vino la miró con una sonrisa porque le gustaba y dijo: 'somos mil 273 soldados en el Ejército del Centro, no alcanza para todos', y la devolvió. Guillermo Prieto fue dos veces Ministro de Hacienda y cuando murió le faltaban los botones a su gabán, ¿han oído hablar de un Ministro de Hacienda en México que haya muerto pobre?", planteó el escritor.

Taibo sostuvo que México necesita un "golpe de timón" liderado no sólo por López Obrador, sino por todos los mexicanos.

El tabasqueño llenó de elogios a Taibo por escribir, dijo, no para "las élites", sino para "el pueblo razo"; consideró que el contenido de "Patria" es aleccionador y su lectura, obligatoria.

"No se puede transformar al México actual sin conocer la historia. Y mucho menos se puede transformar al México actual sin hacer historia, la política es hacer historia", afirmó el ex candidato presidencial.

El historiador Pedro Salmerón, quien moderó la presentación, dijo que López Obrador es un erudito que conoce y entiende la historia de México mejor que los historiadores.


Incluso, Salmerón comparó el periodo de la Reforma, liderada por Benito Juárez, con el tiempo actual con Lopez Obrador.

"Ayer presentamos el libro de Héctor Díaz Polanco sobre una rebelión indígena. Esta semana se han presentado el libro de Armando Bartra sobre lo que significa la esclavitud porfiriana y el libro de Martí Batres sobre los catastrófico resultados del neoliberalismo, y estamos aquí con Paco Ignacio Taibo, uno de los escritores de mayor confianza de Andrés Manuel", mencionó Salmerón.


"Rivapalacio, Guillermo Prieto, Ocampo, eran sabios y eran escritores; eso es lo que a mí más confianza me da. Veo a lado de Andrés Manuel a ese tipo de gente, escribiendo todos los días al mismo tiempo que combate y lucha; esta clase de dirigente me recuerda aquella", afirmó el historiador mientras el público gritaba '¡Es un honor estar con Obrador!' ".




Jorge Ricardo
Periódico Reforma

domingo, 15 de octubre de 2017

La FIL Zócalo tendrá un efecto balsámico y curador: Taibo II


Como parte de las actividades de la Feria Internacional del Libro en el Zócalo, que empezará mañana, la Brigada para Leer en Libertad tendrá su propio espacio en el foro denominado Javier Valdez Cárdenas, en el que durante 10 días habrá música, presentaciones de libros, tertulias, mesas redondas y reflexiones. 

El eje articulador será el ir y venir del pasado y el presente, en un recuento que irá desde la revolución rusa hasta personajes como Francisco Villa como bandolero, el Che Guevara, el general Lázaro Cárdenas, el sismo que cimbró a la Ciudad de México en 1985 y el ocurrido el pasado 19 de septiembre, así como los asesinatos de periodistas en México. 

El escritor Paco Ignacio Taibo II consideró que la feria tendrá un efecto balsámico y curador ante el miedo que tenemos a reunirnos después del temblor, y que “servirá como punto de contacto para vernos y escucharnos. Tomar una cierta distancia, sin abandonar la necesidad de todos con la reconstrucción, puede ser sano en este espacio de libertad de expresión”, acotó. 

Del 12 al 22 de octubre, desde las cuatro de la tarde hasta las ocho de la noche, entre semana, y desde el mediodía los fines de semana, habrá una serie de actividades que comenzarán con presentaciones musicales, entre ellas las deHoracio Franco y Salario Mínimo, así como de libros a cargo de “escritores extranjeros, de la provincia en México y de chilangos, como Elena Poniatowska, Cristina Pachecho y Fabrizio Mejía Madrid”, detalló. 

La Brigada para Leer en Libertad cuenta con un acervo propio y de saldos que se han rescatado de editoriales y de librerías de viejo que se ofertarán y rematarán entre los asistentes. “Va a haber libros baratísimos y se van a poder conseguir muy buenos ejemplares”, anticipó. 

Como es costumbre, indicó que también se obsequiarán libros, entre ellos 1905, de León Trotsky, Los once de la tribu, de Juan Villoro, La otra Revolución Rusa de Lorena Paz, El Mundo de Yarek, de Elia Barceló, y Romper el silencio. 22 Gritos contra la censura, antología de periodismo en recuerdo de Javier Valdez y de todos los periodistas asesinados en México. Las tertulias girarán en torno a temas a la época del general Lázaro Cárdenas, el sismo del 19 de septiembre, sobre ciencia ficción, los cómics, entre otros, con distintos invitados. 

Periódico La Jornada Miércoles 11 de octubre de 2017, p. 33 

ROCÍO GONZÁLEZ ALVARADO 

viernes, 14 de abril de 2017

Cúmulo de reflexiones y aplausos en la FIL de la Alameda



Ciudad de México. La Brigada para Leer en Libertad reúne a más de medio centenar de libreros instalados en la calle de Doctor Mora, entre las avenidas Juárez e Hidalgo, costado poniente de la Alameda Central de la Ciudad de México. Allí, como es tradición en las ferias del libro organizadas por esta Brigada, también se monta un escenario, esta vez, está ubicado a unos pasos del Centro Cultural José Martí. En el mencionado foro, Paloma Saiz, Paco Ignacio Taibo y equipo, dan cabida a una serie de actividades culturales, informativas y recreativas. Se organizan charlas literarias, debates, presentación de libros, música en vivo de diferentes géneros y propuestas sociales diversas.
La tarde del pasado miércoles hubo un ensamble poco común: Horacio Franco y su talento como flautista, Fernando Rivera Calderón con su guitarra y corrosivo humor y Paco Ignacio Taibo (PIT) con una selección de textos extraídos de su libro Olga forever. En una de sus intervenciones PIT leyó lo siguiente “¿… Para qué sirve el periodismo? Es la última pinche barrera que nos impide caer en la barbarie. Sin periodismo, sin circulación de información todos levantaríamos la mano cuando el Big Brother lo dijera… es el único pinche oficio que aún vale la pena en la segunda mitad del siglo XX y el principio del XXI…” simultánea a la voz de Paco, se escuchaba los arpegios producidos por la flauta de Horacio. Enseguida, Rivera Calderón, guitarra en ristre, les rindió tributo a los albañiles con una rola que habla de la bipolaridad del mexicano.
Poco a poco llegó la noche entre reflexiones, sonoridades, aplausos y muestras de cariño para el trio que desde el escenario hizo lo que cada uno de ellos saben hacer: Fernando y su humor, PIT con sus demoledores comentarios y Horacio con los entrañables sonidos de su flauta. Fue una sesión donde el colmado foro disfrutó, pero también hizo reclamos al sistema por la situación social actual. Y hubo tiempo para platicar sobre Bach, Vivaldi y corear una versión de La sirenita, aquella cumbia que hizo famosa Rigo Tovar; y la lista de cancioneros populares fue ampliada con base en las parodias de canciones famosas tocadas por Fernando con letras ad hocal momento actual, como la de Se vende este país. Y entre aplausos y gritos de “¡otra, otra!”, se despidió el trío a quienes los presentes no escatimaron muestras de cariño y admiración, ante lo cual, Horacio y Fernando respondieron de la mejor manera, posando sonrientes para la foto y firmando hasta volantes.
La Feria del Libro continuará hasta el próximo domingo 16 de abril; en el foro se tocarán temas sobre propuestas educativas, se debatirá respecto al 2018 y un tema a destacar será con relación a los exiliados españoles, libaneses, latinoamericanos. Respecto a la oferta bibliográfica, se realiza una venta de bodega y se liberarán para su comercialización 500 libros provenientes de La Habana; igualmente se van a regalar, entre los asistentes, ejemplares de cuatro libros editados por la Brigada.
En el escenario estará el viernes, Héctor de Mauleon con el tema Ciudad y crónica; el sábado Calacas Jazz Band, Enrique González Rojo y Lutz Keferstein quien abordará el tema El rock cambió la historia; el domingo, día de la clausura, Alejandro Carrillo presentará el libro Adiós a Bob Dylan y habrá un debate con el tema Periodismo narrativo con Fabrizio Mejía Madrid, Alejandro Almazán, Emiliano Ruiz Parra, Daniela Rea y Alberto Arce.
Cartelera completa en www.brigadaparaleerenlibertad


miércoles, 22 de marzo de 2017

Para Leer en Libertad

He criticado abundantemente el vicio, muy propio de los estamentos culturales mexicanos, de prenderse a la yugular de los recursos públicos, tal y como si los ciudadanos tuvieran una deuda eterna con los creadores por el hecho de que se dedican a la ocupación sublime del arte. Hay en esa actitud, me parece, una mezcla de arrogancia y avorazamiento muy poco enaltecedora; una actitud de egoísmo, incluso mezquina. Pero la Navidad queda a tiro de piedra y parece una buena ocasión para recordar que eso que se llama Cultura, en México, es pese a todo un mundo luminoso, una de nuestras posibilidades de optimismo, y que esa luminosidad tiene que ver con numerosos factores, desde la inversión pública bien hecha –que desde luego también la hay– hasta la creciente participación privada, pero también a la generosidad de ciudadanos capaces de agruparse y hacer algo por sus semejantes sin que medie el interés.

Pienso en esto cuando leo que cumple siete años la Brigada para Leer en Libertad, fundada por la promotora Paloma Sáiz y el escritor Paco Ignacio Taibo II con la idea de promover la lectura, un objetivo que persiguen, no hay otro modo de decirlo, con verdadero furor y sobre todo con generosidad. La Brigada ha hecho de todo: conferencias por centenares, ferias, donaciones de bibliotecas, remates de saldos editoriales (notable idea, y me consta porque he tenido la suerte de intervenir en alguno), lecturas en voz alta, regalos masivos de libros y hasta una página, http://brigadaparaleerenlibertad.com, donde es posible descargar una importante cantidad de títulos de manera gratuita, incluidas algunas verdaderas joyas, desde clásicos como Espartaco de Howard Fast o Diez días que conmovieron al mundo de John Reed hasta piezas inusuales de Hans Magnus Enzensberger, Vassili Grossman o el propio Taibo.

Una observación más: también se refleja en la Brigada lo de luminoso que puede encontrarse en nuestras izquierdas. He criticado abiertamente las corruptelas de entornos como Morena o las propensiones mesiánicas de figuras como Marcos o AMLO, a quien Taibo ha sido abiertamente cercano. Poco importa: como sugiere la palabra libertad que le da nombre a la Brigada, no tenemos que estar de acuerdo por sistema compartir causas esenciales. La de la solidaria, optimista, luchona y trotamundos Brigada de Sáiz, Taibo y los muchos ciudadanos que se les han unido es irreprochable. Más: es indispensable, siempre y sobre todo en estos tiempos de crisis y oscuridad.

Felices siete años.


Julio Patán
Miércoles 22 de Marzo, 2017