viernes, 16 de diciembre de 2016

Siete años de Para leer en libertad (parte 2)

En la tierra de los santocloses

Paco Ignacio Taibo II


Para leer en libertad surgió casi instantáneamente en la vida de la brigada. Había que producir libros y baratos para poderlos regalar durante las conferencias y los debates. Si conseguíamos cesiones de los derechos de autor, si la brigada hacía gratuitamente el trabajo editorial, sólo necesitábamos financiamiento para la impresión y el papel. Poco a poco las delegaciones, la Secretaría de Desarrollo Social del DF, los movimientos, proporcionaron ese financiamiento. En los primeros meses editamos sobre todo libros de historia de México.

Distribuíamos los libros al público de las conferencias asociadas a tianguis y escuelas, núcleos militantes, nunca volantearlos, necesitábamos un interés básico para que el libro fuera leído y no sólo recibido. La colaboración para este trabajo de formación masiva recibió un enorme impulso cuando la fundación Rosa Luxemburgo comenzó a colaborar en el financiamiento de las ediciones destinadas a la formación política.


Los primeros regalos de libros resultaron muy positivos, sólo se produjo una reacción en contra de un gerente de una casa editorial, que argumentó que lo nuestro era competencia desleal, ni siquiera tuvimos que responder, porque otro par de editores de las casas más grandes del país dijeron que se trataba de una tontería, que la creación de lectores repercutía positivamente en todos los planos, inclusive en su plano comercial.

En siete años hemos publicado 151 libros (más 50 reediciones) regalando 505 mil ejemplares, a los que hay que sumar medio millón distribuido en “Para leer de boleto en el Metro” y 40 mil libros de “Lee mientras viajas” que realizamos con ADO. A los que hay que sumar cerca de 5 millones y medio de libros a muy bajo precio vendidos en los tianguis. ¿Cómo ha impactado este volumen de libros entre los lectores del Valle de México? ¿Quiénes eran estos lectores que no aparecen en las estadísticas? Habitantes del polvo de la periferia urbana. Esta legión de invisibles que compraban y leían libros en Neza, Azcapotzalco, Coatepec, Texcoco, Tacuba, el Parque del Cartero, Tláhuac, la salida del Metro de Tlatelolco. Descubrimos muy pronto que estábamos incidiendo mayoritariamente en dos sectores: adolescentes con muy bajos recursos económicos y hombres y mujeres de más de 40, que volvían a la lectura.

Frente a las conmemoraciones formales la brigada realizó dos celebraciones atípicas del Día Internacional del Libro, un año fue en la glorieta del Metro Insurgentes, cuando editamos y regalamos el primer libro que habían quemado los nazis, Sin novedad en el frente, de Remarque y al siguiente año organizamos en Coyoacán la “rifa de mil libros maravillosos” a peso el boleto (no se podía comprar más de tres boletos por persona).

En 2011 una extraña ofensiva contra la brigada se produjo en la prensa. Dos diarios locales nos acusaron simultáneamente: “Hacen propaganda para AMLO con recursos públicos”. Contestamos con saña diciendo que nuestras finanzas eran transparentes, que los apoyos que habíamos tenido de la Asamblea Legislativa del DF, la Secretaría de Desarrollo Social y la delegación Azcapotzalco habían sido destinados a dar 39 conferencias sobre la Independencia y la Revolución en barrios marginales de la Ciudad de México, a 14 lecturas en comedores populares del DF, a la creación de 24 bibliotecas en barrios. Que habíamos distribuido 7 mil ejemplares de una biografía sobre el cura Hidalgo con costo de menos de 6 pesos por ejemplar y editamos las biografías de Juan Escudero, Rubén Jaramillo y Librado Rivera, con un tiraje de 10 mil ejemplares cada una.

Para hacer todo esto habíamos recibido 440 mil pesos de estas instituciones. La calumnia era risible. Después de haber hecho todo lo que mencionamos, ¿qué dinero podría sobrar para financiar la campaña? Nuestra respuesta fue enviada al rincón de las cartas del lector. Vieja historia, se calumnia en 60 puntos, se rectifica en 8.

Eran testigos reales millares de personas que asistieron a tianguis, conferencias, debates, lecturas; que recibieron bibliotecas de barrio, que se llevaron poemas de nuestros tendederos, que recibieron libros gratuitos, que participaron en canjes y en rifas. Cientos de escritores, historiadores, periodistas, investigadores sociales colaboraron dando charlas gratuitamente.

Para la celebración de la batalla del cinco de mayo en 2012, la brigada realizó 16 conferencias en parques públicos sobre el tema. Ese año la SEP había cerrado 13 bibliotecas en el DF y era evidente que una irrupción masiva de Internet en la clase media había hecho obsoletas enciclopedias, que las librerías de viejo estaban comprando al peso los libros como si tratara de papeles viejos. Comenzamos a colocar en nuestros tianguis una alberquita, seguro que fue a Paloma a la que se le ocurrió tan extraña idea, diciendo que recibíamos donaciones para bibliotecas. En 2011 pudimos formar las dos primeras en la Unión Popular Valle Gómez y en el Centro Comunitario de Santa Cruz Meyehualco.

Enfrentados a un intento de impedir la Feria del libro en el Zócalo en 2013, la brigada promovió el cerco al cerco policiaco y una docena de escritores y un par de miles de ciudadanos acudimos a llevarles libros a los policías, generando una presión que permitió su realización. El colofón de esta experiencia resultó en que desde 2014 la Secretaría de Cultura del DF nos ha permitido la coordinación de uno de los foros de la feria del Zócalo, con una asistencia a cada conferencia de 400 a mil 500 personas.

Las redes sociales nos han facilitado ampliar el espacio de difusión más allá de lo que se realiza en el Valle de México, nuestra página electrónica ha recibido 557 mil visitas, 400 mil descargas de nuestros libros y 2,380,000 visualizaciones en el canal de Youtube donde se reproducen las conferencias. Para leer en libertad YOU TUBE


Han sido siete años de una fiesta continua: 159 tianguis de libros, mil 350 conferencias, 467 actividades artísticas, 3 ferias del libro alternativas y 11 internacionales, 6 remates de libros. Y no lo hubiéramos podido hacer sin editores, distribuidores, libreros, más de 200 autores que cedieron sus derechos para ediciones gratuitas y fueron gratis a dar conferencias hasta el último cerro de la ciudad de México, donde se dice que Cristo perdió el sarape. Sin ellos, esto hubiera sido imposible. Y ahora cumplimos 7 años y estaremos desde el sábado 10 de diciembre y durante diez días en un costado de la Alameda Central (Doctor Mora) con una feria del libro, un tianguis repleto de presentaciones y de libros baratos (¿no era en la Alameda donde los santacloses resolvían las peticiones imposibles?) y de enconados debates, como este país se merece.

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