domingo, 8 de noviembre de 2015

Rescatar libros de las trituradoras

Paula Mónaco Felipe, Corresponsal de EL TELÉGRAFO en México

En ellos no hay pose esnob, mucho menos aquella pretensión de refinamiento cultural tan frecuente en el mundo literario. ‘Brigada para Leer en Libertad’ se autonombran y con honestidad lo dicen: somos algo así como una guerrilla cultural.



Frente 1: Regalar

La puerta abre con dificultad porque topa con cajas. Al entrar se requiere agilidad para sortear libros, montañas de papel con títulos relucientes y otros ajados que ya pasaron por quién sabe cuántos lectores. Es el búnker de la BLL en la capital mexicana. Desde allí dirigen acciones como obsequiar ediciones propias —quinientos mil libros en los últimos 5 años— y recolectar donaciones para transformarlas en bibliotecas populares, de las cuales ya instalaron al menos cincuenta en lugares donde antes no existían rincones de lectura. Esta maquinaria funciona con once integrantes permanentes y varios colaboradores voluntarios que ayudan seguido. Todos persiguen el mismo objetivo: hacer de México un pueblo lector.

“Mucha gente no lee porque los libros están carísimos. Una encuesta reciente decía que cuestan en promedio 85 pesos ($ 5,30), pero es la mentira más grande que he oído, en realidad cuestan como 200 pesos ($ 12). Además, las editoriales del Estado no se dedican a promover la lectura ni regalan libros”, advierte Paloma Sáiz Tejero, coordinadora y motor incansable de la Brigada. Le enoja el desdén oficial y aunque reclama que “¡esta es una labor que debería hacer el Estado”, dice que asumen el desafío porque no pueden “tener a la gente en la ignorancia”.

Promotora cultural de extensa trayectoria, Sáiz Tejero trabajó en el desarrollo de programas públicos de fomento a la lectura, en el Gobierno del Distrito Federal. Organizó allí 9 políticas que incluían la ambiciosa ‘Para leer de boleto en el metro’, que contemplaba la distribución gratuita de 250 mil ejemplares entre los usuarios del subterráneo mexicano. Funcionó el plan, y el 72% de los textos regresaba a los estantes para ser utilizados por otras personas, los retornaban en buen estado, forrados y con leyendas manuscritas en las que se podía ver el siguiente mensaje: “Devuélvelo, es de todos”.

Por problemas de rencillas al interior del gobierno, Paloma renunció al cargo, pero detrás de ella se fue su equipo, y juntos organizaron esta asociación civil que desde 2010 ejerce la militancia por la lectura. Después consiguieron el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo, y al fin tienen salario. “Empezamos sin cobrar absolutamente nada. Hemos logrado mejorar un poco y necesitaríamos más, pero nos hemos sostenido”.

En 5 años, esta célula cultural ha puesto en circulación cinco y medio millones de libros. Usina imparable, ha organizado también más de 110 tianguis (mercados) de distintos tamaños, que van desde diez a cincuenta mesas de libros, y ferias pequeñas en escuelas o barrios como también algunas de talla internacional, incluida la Feria del Zócalo, una de las más importantes de la capital mexicana, que en su edición 2015 reunió a un millón de personas. “Hacemos una feria cada mes y algunas veces tenemos dos o tres —explica Paloma—. Trabajamos mucho, pero al mismo tiempo es reconfortante porque la gente agradece y hay momentos de gran emoción.

“Más allá de la literatura, la gente quiere saber lo que no dicen en la tele ni en la radio, quiere oír a escritores, artistas y periodistas. Esto no es solo fomento a la lectura, es llevar el debate a las calles. No nos hagamos tontos, queremos a gente informada, gente crítica…, a la gente que va a cambiar a este país”.


Frente 2: Hacer pensar

Abarrotado está el foro Eduardo Galeano, en la décimo quinta edición de la Feria Internacional del Libro en el Zócalo. Ocupadas las 450 sillas, hombres y mujeres de diversas edades y clases sociales se acomodan en donde pueden para escuchar al vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera.

Con vestimenta informal, pantalones Levi’s y camisa arremangada, García Linera hace una extensa intervención en la cual aborda los principales desafíos de la izquierda latinoamericana; relata anécdotas del proceso boliviano y desmorona preceptos posmarxistas, posmodernos y antipolítica. Intelectual que estudió en México, habla del país a conciencia y de la misma forma lo escucha el foro que concentra tanto a militantes como a lectores y transeúntes que no lo conocían.

Debajo del escenario, Paloma Sáiz va de un lado a otro, cuida los detalles de la presentación. Arriba, quien cierra el evento es su esposo y aliado, el escritor Paco Ignacio Taibo II, también fundador de la Brigada. Explica que la presencia de García Linera no es casual: “Tenemos que volver a traer a América Latina a México y eso quisimos hacer aquí”.

En el foro de la BLL —el más concurrido de la feria—, desfilan decenas de autores; presentan varios libros sobre Ayotzinapa y realizan otras actividades como una teleconferencia con el cineasta Guillermo del Toro y el lanzamiento de la serie de TeleSUR Ernesto Guevara, también conocido como el Che.

Paco Ignacio explica que la agenda está planeada en función del proyecto: “Somos una fuerza que está incidiendo en el aumento de la lectura en el Valle de México y por otro lado, al estar cubriendo el conjunto de la izquierda, podemos convocar de manera amplia, sin sectarismos ni conflictos, a los temas de debate más punzantes y jodidos de la realidad. En un momento de gran crisis de las relaciones entre el aparato del Estado y los mexicanos; en un momento de gran disidencia social, la lectura y el debate inciden de manera activa”.

→“Más allá de la literatura, la gente quiere saber lo que no dicen en la tele ni en la radio, quiere oír a escritores, artistas y periodistas. Esto no solo se trata de fomentar a la lectura, se trata de llevar el debate a las calles. No nos hagamos tontos: queremos a gente informada, gente crítica…, queremos a la gente que va a cambiar a este país”.

Cigarro en mano, como siempre, habla con orgullo de los 5 años de la Brigada que encabeza junto a Paloma: “Hemos hecho cosas maravillosas como repartir libros por las noches entre los huelguistas más desesperados. Hemos regalado cientos de libros donde fueron recibidos como si fueran pan. Hemos organizado debates cuando nadie los hacía, sobre temas a los que nadie les quería entrar. Hemos publicado con puntualidad interesante. Hemos impactado a miles de jóvenes con fomento a la lectura y de alguna manera hemos empezado a crear un estilo bajo la idea de izquierda joven y culta”.




Frente 3: Hacer leer

Azcapotzalco es un conjunto de barrios en los límites de la capital mexicana. Ciudad Nezahualcóyotl un municipio del vecino Estado de México, adherido en la práctica a la gran urbe del Distrito Federal. Zonas densamente pobladas ambas, habitadas por trabajadores y estigmatizadas como peligrosas en algunos sectores, son lugares objetivos de la Brigada. En pocos años, las han transformado en sedes de ferias internacionales que reúnen a miles de personas entre ventas de libros, presentaciones y diálogos con autores, que es su estrategia-gancho.

“Para crear curiosidad por la lectura ha sido muy importante el apoyo de los intelectuales. Cientos de escritores, novelistas, periodistas, antropólogos e historiadores han entrado directo a los barrios a contar sus historias. Esto fomenta la lectura y la discusión de una manera tremenda”, explica Paco Ignacio. Escritor también, dice que el gancho punza doble: “Para nosotros que vivimos encerrados en una esquina donde recibimos una retroalimentación muy pobre que son la crítica literaria y los homenajes, esto significa enfrentarnos a lo real, a los lectores. Esto es gasolina pura”.

Paloma advierte que seducir a nuevos lectores es arduo “porque en la escuela y en el trabajo nos vacunan contra la lectura. Nos enseñan que es obligada, entonces descubrir el placer es difícil”. Las ferias son entonces un gran instrumento, “porque atraes a la gente que va pasando, personas que nunca entrarían a una librería y aquí pueden hojear los libros. Se rompe la barrera”.

Las estadísticas oficiales dicen que en México se leen en promedio 2,9 libros por año (Encuesta Nacional de Lectura, 2014), y los brigadistas pelean contra esa idea. “Los índices oficiales están calculados sobre la venta en librerías y supermercados, excluyen a todos los fenómenos paralelos como ferias, tianguis, préstamos y trueques”, esgrime Paco Ignacio mientras Paloma alerta que también son engañosas las cifras oficiales sobre analfabetismo, según las cuales quienes no saben leer ni escribir son 5,4 millones de personas, el 6,8% de la población mayor de 15 años. “Lo más grave es que muchas personas (más) son analfabetas funcionales: pueden escribir su nombre y leer los nombres de las calles pero no un libro”.

Ediciones propias que se obsequian, ferias y bibliotecas son algunas de las armas. Cuando se preguntaban cómo bajar al extremo los precios de libros, supieron que las editoriales trituran volúmenes que ya pasaron por temporadas de ofertas y descuentos, porque les resulta más barato destruirlos que mantenerlos en bodegas, donde pagan impuestos.

“Fui a ver a los editores —relata Paloma. Les propuse que nosotros poníamos espacios para vender los libros a cambio de que los dieran a precios de remate. Aceptaron y fue una delicia”. Así, en las ferias que organiza la Brigada es común encontrar obras desde diez pesos mexicanos ($ 0,80), es decir a precios realmente accesibles.

En la más reciente, yo no pude resistir a comprar varios relatos de Manuel Vázquez Montalbán, por $ 2 cada uno. Tendré que esperar nuevas ofertas para ampliar mi biblioteca. La Brigada aún no planta bandera definitiva en ese territorio. Sigue peleando nuevos acuerdos para rescatar novelas, ensayos y poemas de las trituradoras y a veces el flujo se detiene, dice Paloma, “porque algunas editoriales no nos perdonan que regalemos libros”.


NOTAS:

Libros gratuitos para descargar: Descarga de libros gratuitos

Liga a la nota: El Telégrafo

El Telégrafo, Ecuador.
Suplemento Cartón Piedra Nº 210
Domingo 1 de noviembre de 2015; páginas 10, 11 y 12

No hay comentarios:

Publicar un comentario