lunes, 20 de octubre de 2014

La clave es Jaritos

Cd. de México (15 octubre 2014).- La novela negra está evolucionando hacia atrás, de regreso a la narrativa del siglo 19, considera el escritor griego Petros Márkaris. Como Dostoievski y Zola, los autores contemporáneos parten de un crimen para desentrañar la verdad de una sociedad.

"Es lo que estamos haciendo, y para eso sólo hay un camino: la izquierda, no la derecha. Por eso la mayoría tenemos esa ideología".

Márkaris es una de las figuras literarias presentes en la Feria Internacional del Libro en el Zócalo (#BrigadaFILZocalo). Nacido en Estambul pero con pasaporte griego, es el creador del comisario Kostas Jaritos. La palabra que define a este policía, dice, es "objeción". Nunca está de acuerdo con nada.

El escritor se reconoce a sí mismo en la mezcla de ironía y sarcasmo con la que Jaritos observa el mundo. Comparten además la pasión por los diccionarios y la descarnada visión de la sociedad griega y la caótica Atenas.

"Adrianí, su esposa, es idéntica a mi madre", asegura Márkaris. "En cambio, su hija Katerina es como mi hija".

Estudió Economía, pero siempre quiso ser escritor. A los 57 años publicó su primera novela policiaca. Antes escribió teatro, tradujo al griego a autores alemanes como Goethe, y trabajó como guionista con el director de cine Theo Angelopoulus.

"La única razón por la que me convertí en novelista fueron Jaritos y su familia. Cuando llegaron, hubo un cambio radical en mi vida". Un poema de Brecht dice que uno siempre puede empezar otra vez con su último aliento. "Es lo que yo hice".

Ha escrito una decena de libros con Jaritos como protagonista. Desde su tercera novela, Suicidio perfecto, ya anticipaba la debacle económica en Grecia, que ha diseccionado en su celebrada "Trilogía de la Crisis", que incluye Con el agua al cuello, Liquidación final y Pan, educación, libertad, a la que agregará un epílogo: Créditos.

"Suicidio perfecto es sobre los Juegos Olímpicos de Atenas", cuenta. "Desde ese momento, ya me daba cuenta de que iban a quebrar a Grecia".

Con el tiempo, dice, su perspectiva sobre la crisis ha cambiado, se ha vuelto más amplia. No se trata sólo de una cuestión económica, señala, sino política, social, educativa.

En el pasado fue militante comunista, pero ahora, afirma con tristeza, la izquierda está extraviada. "Sigo buscándola".

Los partidos de izquierda, opina, tienen que abrirse a la sociedad. "Deben proponer una política real, que convenza a la gente de que ese es el camino, y no decirles sólo lo que quieren escuchar. Tienen que acercarse a la sociedad, y no saben cómo hacerlo, por eso para mí la izquierda no existe".

La novela negra es "religiosa" porque siempre triunfa el bien. Pero en las tramas de Márkaris no existe una línea clara entre la víctima y el asesino. "Tú tienes que elegir, y para mí la mejor actitud es no emitir un juicio".

En sus novelas, la clave siempre es Jaritos. "Él cuenta la historia, no yo". El escritor nunca sabe cómo va a actuar el comisario. "Todos los días me tomo un café con Jaritos y le pregunto, por ejemplo, por qué decidió interrogar a tal persona, y a medida que me lo explica, lo escribo".

Herencia de su pasado de guionista, cada novela empieza con una imagen. "Tengo una historia en mi cabeza, pero la pregunta que la mueve es qué va a hacer Jaritos".

Crítico de la Unión Europea, considera que el problema es el discurso. En lugar de hablar de política y cultura, el único tema es la economía y el mercado.

"Reducir todo al discurso económico beneficia a la extrema derecha, que sí tiene un planteamiento político. Puede ser agresivo, obsceno, pero es un discurso político, y no puedes enfrentarlo hablando de economía. Por eso la extrema derecha está creciendo en Europa".

A sus 77 años, desearía un futuro distinto. Vivir para ver los cambios, así sean en la dirección equivocada. Lo peor, dice, es no ser capaz de imaginar un mañana diferente.

"Si hay un final de la crisis económica, va a ser un mal final. Es sólo cuestión de tiempo para que el sistema colapse. Mi problema es que no sé qué tan duro va a ser el próximo día, pero seguro será difícil"


En la novela negra contemporánea, el "quién" ha sido sustituido por el "por qué", aseguró el escritor griego Petros Márkaris.

Averiguar quién es el culpable de un crimen no importa tanto como descubrir los motivos, dijo la tarde de ayer durante la tertulia "La historia como novela policiaca", en el Foro José Revueltas de la Feria Internacional del libro del zócalo #BrigadaFILZocalo

"La investigación es un pretexto para escribir de otras cosas: de una sociedad, su política, su economía", sostuvo el creador del comisario Kostas Jaritos.

F. G. Haghenbeck coincidió con Márkaris en la importancia del por qué, y amplió su registro.

El nuevo punto de vista de la novela policiaca se pregunta, dijo, por qué una sociedad permite un crimen, y una policía lo cobija. "Y por qué también el ser humano tiene un alma tan oscura", señaló ante el público que llenó el foro.

El argentino Juan Sasturain definió a la "realidad social" como aquello que uno no puede evitar. "Como escritores, estamos marcados por nuestras circunstancias". Un ejemplo es la imposibilidad, subrayó, de que los autores latinoamericanos imaginen un héroe policía.

Para Alfonso Mateo Sagasta, la novela negra es un espejo de la sociedad, mientras que la novela histórica se relaciona con la utopía.

No es casual, planteó, que en su país, España, haya un auge de novelas históricas protagonizadas por mujeres. "Eso es porque (ellas) quieren tener un peso real en la historia actual".

Criticó que la narrativa policiaca se haya convertido "un poco" en novela de viajes, ya que cada ciudad tiene su detective.

Eduardo Monteverde recordó que la novela negra no funciona si no existe el Estado.

"Son obras profundamente moralistas, donde todos los detectives son éticos, entonces podrían llamarse 'novelas ejemplares'", ironizó.

Paco Ignacio Taibo II consideró más importante la presencia del mal que el Estado, y señaló la dificultad que enfrenta el escritor al no poder escapar de un final "medio feliz".

"Hay una necesidad de ver la luz al final del túnel, también por los lectores", afirmó el creador del detective Héctor Belascoarán Shayne. "La novela policiaca, negra, es quijotesca, existe una reparación de las injusticias".

Pero siempre hay una tensión, agregó, en el autor que quiere hacer literatura y no pedagogía.

Es por esta necesidad compartida de justicia, de encontrar la verdad, planteó Haghenbeck, que la novela negra es la que permite mayor complicidad entre autor y lector.

Sasturain, creador de una serie protagonizada por el detective Lorenzo Etchenique, elogió la obra de Dashiell Hammett, que en cinco novelas sentó las bases del género.

En El halcón maltés creó el arquetipo del detective privado: Sam Spade, poseedor de una moral flexible, para quien los por qué de un crimen pasan por el dinero, la violencia y el poder.

Márkaris compartió el gusto por Hammett, y lamentó que en muchas novelas de Arthur Conan Doyle, bajo la niebla no se oculte nada, debido a que todo está determinado por la inteligencia del detective.

"Odio a estos detectives genios", dijo el escritor griego. "Pero aunque no me guste, hay algo en Sherlock Holmes que nos sirve a todos cuando dice: 'Si no sabes qué está pasando, sigue el dinero'".

Taibo II cerró la tarde con una confesión: "Sin la novela negra no puedo vivir. Son adictivas".

Periódico Reforma
Silvia Isabel Gámez


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