viernes, 28 de octubre de 2016

Más de un millón de personas asistieron a la FIL Zócalo 2016

*La presentación del nuevo libro de Luis Hernández, uno de los actos que cerraron la feria

*El coordinador de Opinión de La Jornada charló sobre la historia de la lucha magisterial, en el foro Bertolt Brecht

*Rius, Helguera, El Fisgón y Hernández abordaron con colegas españoles la importancia del cómic en el fomento a la lectura en México y el auge de la novela gráfica




De acuerdo con las cifras oficiales, la 16 Feria Internacional del Libro (FIL) Zócalo 2016 tuvo una asistencia total, incluyendo sus seis sedes alternas, se elevó respecto de 2015 de 960 mil a un millón 3 mil 280 visitantes.

Del 14 al 23 de octubre se llevaron a cabo mil 200 actividades culturales, entre presentaciones de libros, conferencias, conciertos, talleres y muestras gastronómicas, todas distribuidas en 251 módulos.

Según los organizadores, la derrama económica fue de 13 millones 300 mil pesos. Se reunieron 700 sellos editoriales, se realizaron más de 665 talleres, más de 60 presentaciones artísticas entre danza, narraciones orales, conciertos y obras de teatro. Además de los módulos de exhibición, en esta edición se abrieron 10 foros y una ludoteca.

Las sedes alternativas fueron los museos Ciudad de México, del Estanquillo, de la Luz, el Centro Cultural de España, Cine Lido y Fundación Alumnos 47.

La novena ola magisterial 




Ayer, en el foro Bertolt Brecht, Luis Hernández Navarro presentó su libro "La novena ola magisterial" editado por La Brigada para Leer en Libertad.

“Estamos ante un gran montaje para desprestigiar la lucha y el movimiento de los maestros, que en realidad son ejemplo de valor, civismo y compromiso”, expresó el articulista y coordinador de Opinión de La Jornada, quien además se refirió a distintos casos que dan cuenta de esa campaña de desprestigio orquestada por quienes se oponen a la “mal llamada reforma educativa”.

“Si se revisa la historia de la lucha de los maestros democráticos desde que se constituyó la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación, en 1979, se podrá observar que se asemeja a las olas del mar. Las aguas del descontento docente comienzan a aparecer hasta que chocan con las playas de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el charrismo del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, con enorme fuerza. Y de repente, esas mismas aguas que llegan y agitan se repliegan y da la impresión que se recupera la calma. Así ha venido sucediendo, una y otra vez, con la lucha del movimiento magisterial, como si fueran oleadas”, explicó Hernández.

Mencionó que un momento particular surgió a partir del pasado 15 de mayo de 2016, “cuando durante 124 días los maestros del país protagonizaron una de las páginas más apasionadas y heroicas de las luchas de los movimientos en defensa de la educación pública. Los maestros se fueron a un paro indefinido en Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán, además de distintas movilizaciones en el resto del país, que sacudieron a la nación, creando un escenario prácticamente inédito comparado con otras luchas. A ese movimiento le llamo la novena ola magisterial”.

A los maestros, explicó, “se les ha querido presentar como trabajadores flojos y que no están capacitados, que tienen secuestrada a la niñez y a la educación. Para ello no han escatimado ni un solo recurso. Ejemplo de ello es el caso de los jugadores del equipo de futbol Monarcas, que salieron a la cancha con una camiseta distinta que llevaba una tarjeta roja que se utiliza para expulsar a los jugadores con la leyenda: ‘A los malos maestros’.

“El problema no es de los jugadores, a ellos los mandaron. Pero, ¿quién es el dueño del equipo?, Ricardo Salinas Pliego, dueño también de Televisión Azteca. ¡Cuánta casualidad!”

Como parte también de esa campaña de desprestigio y represión, Hernández Navarro recordó “un panfleto fílmico titulado De panzazo, película en la que se mandaba el mensaje de que nuestra educación es zona de desastre y que la responsabilidad era de los maestros”.

Detrás de la producción de esa cinta se encuentra el organismo empresarial Mexicanos Primero, señaló Hernández Navarro, “que debería de llamarse Empresarios Primero. Su presidente, Claudio X. González, se ha dedicado a decirnos quienes son los buenos y malos maestros”.

Otra campaña, todavía peor, es la que acusa a los maestros de asesinos, continuó Luis Hernández. “En una de las marchas rumbo al aeropuerto, en octubre de 2013, hubo algunos jaloneos y golpes. Apareció un señor de nombre Héctor Serrano, quien controla a los vendedores ambulantes, y dijo que un policía, Álvaro Sánchez, había sido golpeado y estaba al borde de la muerte porque un maestro chiapaneco lo había tundido. Se armó una enorme campaña para decir que los maestros también son violentos y asesinos.

“Un día después, una periodista entrevistó a la esposa del policía sobre su moribundo marido; ella respondió que se encontraba bien, que nunca estuvo al borde de la muerte.”

Hernández Navarro destacó que “el titular de la SEP y su equipo se han dedicado a hacer montajes como esos para desprestigiar y reprimir a los maestros, como en el caso de Nochixtlán”. La lucha del magisterio, concluyó, “es una historia ejemplar, que logró, por lo pronto, frenar parte importante en la aplicación de la llamada reforma educativa. No lograron abrogarla, pero sí detenerla. De eso trata La novena ola magisterial”, la cual se puede descargar de manera gratuita de la página de la Brigada Cultural Para Leer en Libertad.

Encuentro de moneros 


Más tarde, también en el foro Bertolt Brecht, del encuentro editorial, los moneros mexicanos Eduardo del Río Rius, Rafael Barajas El Fisgón, Helguera, Hernández y los españoles Ángel de la Calle y Alberto Arce, hablaron sobre la historia y la industria de la novela gráfica.

El Fisgón explicó que México es un país de historietas. “Fueron las primeras lecturas de varias generaciones de mexicanos. En el pasado, la industria editorial de la historieta podía tener el tiraje de una revista, de entre 80 mil y 200 mil ejemplares a la semana. Kalimán vendía 2 millones de ejemplares al mes. Lágrimas y Risas vendía un millón 300 mil ejemplares mensuales”.

Ningún autor de los considerados “serios” jamás ha vendido eso, comentó El Fisgón. “Durante décadas fue muy importante la industria editorial del cómic. Fue el género que hizo que se empezara a leer”.

Ahora bien, “lo siniestro del caso es que los dueños de esa industria afinaron tanto el producto, con determinadas reglas que sacrificaron la creatividad y acabaron con el género”.

El Fisgón explicó que a partir de 2010 y con el trabajo de distintos autores ha habido un resurgimiento de la novela gráfica en el país. “Esperamos es que se desarrolle un nuevo auge del género”.

Para Rius, faltan editores arriesgados, más que una narrativa gráfica condensada en un libro.

Helguera destacó que “estamos llegando 30 años tarde a un nuevo desarrollo de la novela gráfica y que en el país existen muchos autores jóvenes con calidad y mucho que contar, pero no hay quién les publique”.

El Fisgón reconoció a Rius como el inventor de “los ensayos gráficos” e insistió que en la actualidad no es viable la existencia de las revistas de historietas. “Hoy es imposible rescatarlas. Desgraciadamente esa industria se acabó. En la era del Internet, hay un nicho para la novela gráfica y ese es el libro. El futuro de la narrativa gráfica está en los libros, como herramienta eficaz y vehículo importante para el debate”


Periódico La Jornada Lunes 24 de octubre de 2016, p. 8

Sanjuana Martínez presentó "Soy la dueña" y "La cara oculta del Vaticano"



La periodista Sanjuana Martínez presentó sus libros Soy la dueña: una historia de poder y avaricia, y La cara oculta del Vaticano en la Feria Internacional del Libro Zócalo 2016, que hoy culmina actividades.

Publicado por el sello Temas de Hoy, de editorial Planeta, el primer volumen está dedicado a los escándalos de Angélica Rivera, esposa del presidente Enrique Peña Nieto. “Me vi en la obligación de consignar, investigar y narrar la riqueza ostentosa de la primera dama”, afirmó Sanjuana Martínez la tarde del jueves, en el foro Bertolt Brecht.

“Es obligación de los periodistas divulgar la verdad de los escándalos que hay detrás del poder”, expresó.

La investigación de Soy la dueña se inició hace dos años, después de la publicación de Las amantes del poder, luego de que la periodista comenzó a hacerse preguntas primigenias sobre las propiedades y la riqueza que presuntamente habría acumulado Rivera.

La escritora agradeció el espacio que coordina La Brigada para Leer en Libertad en la FIL del Zócalo, pues “se puede hablar de esos temas censurados, ahuyentados de la prensa oficial”.

Miami ha sido punto central de la investigación, ya que es un centro de lavado de dinero y donde la autora encontró información, a diferencia de México, donde todo está vetado, dijo.

En el foro, instalado frente a Palacio Nacional, Martínez reveló que tuvo “acceso a una garganta profunda. Un señor que trabajó 28 años en Televisa”. Las actrices Kate del Castillo y Verónica Castro, en tanto, son algunos de los personajes que opinan en el libro sobre este escándalo.

Acompañada por Paco Ignacio Taibo II y Fritz Glockner, la tarde del viernes, Sanjuana Martínez volvió a la feria, pero ahora para presentar su libro La cara oculta del Vaticano, reditado por la Brigada Para Leer en Libertad, el cual fue regalado entre los asistentes que abarrotaron la carpa.

Más tarde, conversó sobre el oficio de alto riesgo en que se ha convertido el periodismo, en una charla con Alberto Arce y José Reveles.



Periódico La Jornada Domingo 23 de octubre de 2016, p. 2

Ante el auge de la xenofobia en Europa, ¿quiénes somos?, inquiere fotoperiodista

*Javier Bauluz ganó el Pulitzer en 1995 por retratar el horror de la muerte en Ruanda
*Eso es un peligro no sólo para los migrantes, sino para nosotros, opina en entrevista con La Jornada
*Cada vez que cierran una ruta sólo se produce más dolor y muertes, señala




Con sus colegas de Associated Press, ganó el premio Pulitzer en 1995, por su trabajo en Ruanda. El horror de la muerte lo persiguió durante meses, tiempo en el que, paradójicamente, no tenía pesadillas con las imágenes de África, sino con algo que se le había quedado de un trabajo anterior: en sueños veía a una niña que cruzaba un cementerio en Sarajevo, bajo la mira de los francotiradores, para ir a buscar comida a un hospital. 

“Ahora le llaman síndrome de estrés postraumático”, dice, con suavidad el español Javier Bauluz (Oviedo, 1960), quien llegó a México hace unos días para hablar sobre todo del trabajo que ha ocupado buena parte de sus últimos 20 años: la tragedia de los migrantes que buscan llegar a la vieja Europa. 

En 2008 Javier recibió el premio Periodismo y Derechos Humanos, que otorga una asociación de su país, España. Por sus “numerosos reportajes y arriesgadas iniciativas que sensibilizan a la opinión pública” sobre la inmigración y las violaciones a los derechos humanos, dijo el jurado. 

Una de esas iniciativas es periodismohumano.com, donde se da lugar, con el lema “Información que sí importa”, a los temas que suelen desdeñar medios tradicionales. A la mitad de la página web destaca una poderosa imagen que Bauluz captó al comenzar el milenio: en una plaza de Tarifa, Cádiz, se mira el cadáver de un migrante al fondo, y en el primer plano una pareja en trajes de baño debajo de una sombrilla. Muchos años después sigue vigente. Se titula: “Quince años después, Europa sigue bajo la sombrilla”. 

La frontera en Ceuta 


En ese año 2000, cuenta Javier, nadie estaba contando lo que pasaba. “Sólo se veía a unos pocos migrantes que agarraban en el mar y llevaban al puerto, donde sí había unos fotógrafos, y la Cruz Roja les ponía unas mantitas. Pero la realidad era que en aquellos 30 kilómetros de costa todos los días llegaban botes, a cualquier hora… Nadie les atendía, estaban tirados durante cuatro, cinco, seis horas, tirados en la carretera, en la playa, con hipotermia, heridos”.

 –Por lo que cuentas de esa imagen, nadie se acercó. 

En este punto Javier muestra otras fotos de la serie. Se ve la playa a medio llenar. Pero nadie voltea hacia el lugar donde está el cuerpo del migrante ahogado. El cuerpo fue levantado cinco horas después, y el ataúd pasó al lado de la pareja de la sombrilla, que para entonces ya estaba tumbada en la arena. 

“Esa pareja representaba como mínimo a mucha gente que siguió en la playa como si no hubiera pasado nada. ¿Por qué? Porque son los otros, no son los nuestros y es el discurso que sigue avanzando. No es asunto mío, no es un muerto mío. Entonces se ignoraba, pero ahora lo que hay es rechazo. En Europa lo que está creciendo la xenofobia cada día y eso es un peligro, ya no sólo para los inmigrantes, sino para nosotros, porque nos obliga a preguntarnos quiénes somos.” 

Para tratar de dar identidad al cadáver del migrante muerto en la playa, Javier fotografió también sus pertenencias: un disco de Bob Marley, un retrato del Papa, un retrato suyo en una ceremonia de bautizo, un peine y 25 mil pesetas, “lo cual era prácticamente nada”. Y llevaba también, dice Javier con ironía y pesadumbre, “un arma de destrucción masiva, algo con lo que pensaba destruir Europa: una cinta métrica”. 

Cuando a mediados de los años 90 se acercó a Ceuta y Melilla, donde comenzaba a alzarse el muro antinmigrante, Bauluz se topó con el titular de un periódico: “Impermeabilización de la frontera en Ceuta”. 

–No se levanta un muro, se impermeabiliza; no se aprehende, sino se “rescata” o “asegura”. Las políticas contra los migrantes están llenas de eufemismos.

 –El lenguaje es una de las armas de destrucción masiva. Cuando dicen que hacen una devolución de migrantes están hablando realmente de una deportación ilegal. Lo malo es que los medios reproducen ese discurso oficial, usan el mismo lenguaje, con lo cual las cosas parecen algo diferente de lo que en realidad son. 

En México a invitación de la Brigada para Leer en Libertad, Bauluz afirma que los muros y otras medidas simplemente sirven para hacer rutas de migración más peligrosas. 

“Lo único que he aprendido en estos 20 años es que cada vez que hemos cerrado una ruta eso sólo produce más dolor y más muertes.” 

Javier recuerda que dos décadas atrás un guardia civil le dijo que la valla era una estupidez porque pasaría lo mismo que ocurrió con la cerca de los conejos en Australia, que morían a los pies de la valla y sobre los cadáveres de ellos saltaban otros (la famosa Rabbit Proof Fence atravesó ese país a lo largo de mil 830 kilómetros, pero fue inútil para acabar con la plaga de conejos).

El ojo no es un dron 


–¿Qué te ha dado el Pulitzer? 

–Muchas entrevistas (risas). –Y ventaja para tus entrevistadores. En una decías que con tu trabajo pretender llegar a la cabeza y el corazón de la gente, no a su estómago.

 –Si con una imagen produces rechazo, lo que sienten es una cosa de estómago, pero no entienden nada y rechazan ver más. Si abres un periódico y ves vísceras destrozadas, en España decimos casquería, eso no te produce tristeza ni información. 

–Estar cerca para tomar la foto, pero también tener distancia para mirar el hecho. –Está la famosa frase de Robert Capa: “Si tu foto no es suficientemente buena es que no has estado suficientemente cerca”. Yo la entiendo no sólo cerca físicamente, sino también sicológica, emocionalmente. Empaparte lo más posible de lo que está sucediendo porque así lo vas a poder explicar mejor. Y al mismo tiempo, mantener la distancia porque tú eres testigo, no protagonista. 

–¿Un ojo capaz de captar todo para poder contarlo? 

–Pero el ojo pertenece a una persona, a unos sentimientos, a un cerebro, no es un dron. No es lo mismo poner una cámara automática en un punto de las vías del tren donde están pasando los refugiados que acompañar a esas personas en su viaje durante días, viendo todo lo que les sucede, en los momentos importantes que gráficamente expresan ciertas historias. No te puedes permitir llorar porque tienes que estar enfocado a tu trabajo. No sé, a lo mejor media hora después… 

–Te las viste muy duras después de Ruanda. 

–En aquella época ni se hablaba del síndrome de estrés postraumático. Y no fui yo solo. En Ruanda lo que tenías era un millón de personas muriéndose enfrente de ti, a mil por día, te sobrepasaba. Hubo periodistas veteranos, médicos, militares sufriendo el síndrome. No había acción, sencillamente gente que se moría frente a ti. 

–En una guerra corres siempre, ahí sólo mirabas la muerte. 

–¿Cómo aguantar toda esta mierda? Siempre digo que teniendo la conciencia tranquila y haciendo lo que crees que debes hacer y lo que puedes hacer, y por otra parte también, sacándolo fuera, contándolo, que puede ser grabándolo en un casete, aunque sólo sea para ti. O escribirlo, para ser publicado o no. En el caso de Ruanda escribí un texto que acompañó el libro que hice con Médicos sin Fronteras. 

–¿Por qué un smartphone no hace a un fotoperiodista? 

–Ni un smartphone ni la mejor cámara del mundo. Lo hace el ojo que tengas, el conocimiento del tema y del ser humano, entre otras muchas cosas. Puedes tener la mejor máquina del mundo y no vas a poder contar lo mismo ni de la misma forma. Todo mundo puede tener un bisturí en casa, pero ¿todo mundo puede hace una cirugía?

Arturo Cano
Periódico La Jornada Martes 25 de octubre de 2016, p. 7 

martes, 18 de octubre de 2016

Publican historieta para regalarla y fomentar la lectura



Este 19 de octubre presentará el historietista español Ángel de la Calle la primera versión impresa de su novela gráfica “Pinturas de Guerra” al interior de la Feria Internacional del Libro en el Zócalo de la Ciudad de México a las 17 horas dentro del Foro Bertolt Brecht, donde además se regalarán ejemplares al público asistente.

Este trabajo es inédito y trata sobre la historia de los pintores perseguidos por las dictaduras latinoamericanas y que están exiliados en París, todo esto con una trama policiaca. Es una edición mexicana publicada por la “Brigada para leer en Libertad” para acercar a todos los lectores el acceso gratuito a la narrativa gráfica de calidad, misma que después será impresa en España, Italia y Francia.

Uno de los fundadores y organizadores del evento es el escritor y periodista Paco Ignacio Taibo II, que hizo una invitación por  YouTube donde afirmó: “Lo mejor que leí el año pasado no fue una novela, no fue un libro de cuentos, fue un comic book, y me dejó verdaderamente sorprendido, conmovido, emocionado”.


Comentó ahí que el autor gijonés cedió los derechos de esta reciente obra: “Hicimos maromas para poder traer eso que no estaba publicado”. De la Calle es crítico de comics al igual que organizador del festival literario “Semana Negra de Gijón” y las “Jornadas del Cómic de Avilés” ambas realizadas en su país de origen.

El también diseñador gráfico y escritor infantil inició su carrera publicando desde 1977 en las revistas españolas de historietas “Star”, “Rambla”, “Comix Internacional”, ”Zona 84” y “El Víbora”. Su trabajo más conocido es la novela gráfica “Modotti: Una mujer del siglo XX”, donde plasma la biografía de esa famosa fotógrafa y activista revolucionaria italiana Tina Modotti.

Una participación anterior que tuvo con Paco Ignacio Taibo II fue al ilustrar su novela corta llamada “Mon ami Moran” de género neopoliciaco donde el protagonista está envuelto en una guerra criminal por cierta pertenencia de Pancho Villa (forma parte del libro “El ciego, la cabeza y el golpe”), y esta fue publicada en el 2002 en Francia por la editorial “Les 400 Coups”.

En el 2009 Paloma Saiz Tejero (la esposa de PIT II) renunció a la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México por diferencias políticas con Elena Cepeda la Secretaria de Cultura, pero aun así decidió continuar con la difusión de la lectura en los barrios pobres de la urbe, para eso incluyó a su familia para organizar eso y así fue cómo surgió la “Brigada para leer en Libertad” en el 2010.




Palou presentó hoy su libro 'Tierra Roja' en FIL Zócalo



Ciudad de México. Ante decenas de personas que llenaron el foro Bertolt Brecht de la Feria Internacional del Libro Zócalo, versión 16, el escritor Pedro Ángel Palou presentó hoy su libro Tierra Roja, una historia novelada sobre Lázaro Cárdenas del Río, el presidente que encarnó la pasión y la fe de una época.

Ahí entre el bullicio de la gente que recorre los pasillos para adquirir un libro y entre las risas de los jóvenes que asisten en grupos, Palou concluyó que Cárdenas fue “definitivamente” uno de los mejores presidentes y ex presidente en la historia del país.

“México no tiene Guantánamo y no tiene dos bases militares; están las transcripciones de las conversaciones con los generales en Baja California, porque siendo Cárdenas secretario de Guerra y Marina con Avila Camacho, impide que nosotros tengamos bases navales norteamericanas. Es un tipo, de principio a fin de una pieza”.

El autor compartió con el público que Cárdenas es un personaje particular de la historia de México y el que más le ha costado novelar. Señaló que la decisiones que tomó el ex presidente formaron al país, pero “la negación de esas decisiones actualmente es lo peor que tenemos en el país.

Paco Ignacio Taibo II fue el encargado de presentar la novela histórica de Palou, y cómo autor de varios libros con personajes históricos celebró la forma en que Pedro Ángel escribió Tierra Roja.
Para el autor Pancho Villa, en la medida que los neoliberales destruyen México, Cárdenas va saliendo de atrás, cada vez con mayor fuerza. Taibo II explicó que la historia en estos momentos parece que camina, que no está escondida en los nombres de estaciones del metro, ni en las ceremonias cívicas de las escuelas primarias.

“La historia es una especie de algo que puedes ver, tocar. Se acerca y entra en conexión. Toca el presente y desde luego proyecta el futuro”.

Pedro Ángel Palou consideró que ante los acontecimientos actuales en el país es necesario voltear hacia la figura de Cárdenas, pues aseguró que con él “sí tuvimos lo que yo llamo la utopía cardenista. El hombre trabajó diariamente para que esa utopía no fuera un sueño, para que no nos lo imagináramos, sino para que los mexicanos la vivieran”.

Al finalizar la presentación, el autor se tomó tiempo para firmar los libros de Tierra roja, editado por Planeta, que compraron algunas de las personas que asistieron al evento.


Giovanni Porzio reúne en Un dólar al día ocho historias ligadas por la pobreza

*El periodista presentó su libro en el Zócalo por conducto de la Brigada para Leer en Libertad
 *Relata pasajes de su vida de enviado especial en zonas de conflicto
 *Afirma que la empatía, la preparación y el conocimiento pueden hacer la diferencia entre la vida y la muerte



En una nota autobiográfica, el periodista italiano Giovanni Porzio dice que llegó a corresponsal de guerra porque era el más joven en la redacción del semanario Panorama y porque nunca se había negado a cubrir las encomiendas más arriesgadas. Ya para entonces, sin embargo, había comenzado a formarse en su doble oficio de fotógrafo de prensa y cronista.

La pasión por los viajes lo había llevado a muchos lugares del mundo desde su primera juventud. En aventones y armado de una Leica que le había regalado su padre. En esos años consiguió ingresar como asistente al estudio de Carlo Orsi, que entonces era el número uno entre los fotógrafos de moda, un maestro de la luz al que nunca vi usar un flash y que coleccionaba portadas en Vogue, Elle, Vanity Fair y Cosmopolitan.

Al tiempo que incursionaba en ese mundo, Giovanni estudió ciencias políticas y después se fue a Argelia con un objetivo: aprender árabe. Siguió escribiendo, y al volver a Italia se incorporó a Panorama. Desde entonces su vida de enviado a zonas peligrosas no se detuvo.

Gracias al ojo de Paco Ignacio Taibo II y al dedicado trabajo de la Brigada para Leer en Libertad –siempre en busca de nuevos escritores para sus lectores– Giovanni estuvo en México en estos días para presentar uno de sus libros. La obra fue traducida por la brigada y regalada a los asistentes a la Feria Internacional del Libro Zócalo 2016. Al momento de la entrevista, Giovanni aún no conocía la edición en nuestro idioma, de modo que llegó con su libro bajo el brazo, en la edición original: Un dollaro al giornio.


Sobre la miseria interior


El título de Un dólar al día alude, naturalmente, a la línea de la pobreza fijada por organismos internacionales. El título es un poco engañador, admite Giovanni, aunque ese paraguas le permitió reunir en un volumen ocho historias de personas de distintas partes del mundo a las que une una situación de pobreza.

Viajero incansable, Porzio sabe que hay lugares en el mundo donde se puede vivir con un dólar al día. Pero también que la pobreza va más allá de la falta de dinero.

Hace unos meses, por ejemplo, estuvo en un campo de refugiados en Alemania. La gente ahí está ya aprendiendo el idioma, tiene la expectativa de encontrar una vivienda, un empleo. Pero otra cosa es la miseria interior, de un ser humano que ha perdido todo, las raíces, el lugar donde creció, a veces eso es peor que la falta de un salario.

Los nombres de los capítulos dan una idea clara de la búsqueda periodística de Porzio: Una casa en el cementerio (Gaza), Hambre verde (Etiopía), La leche lo cura todo (Pakistán); Por el dinero y las drogas (Guatemala), Esclavos del sexo y comedores de ratones (India), La montaña de las esmeraldas (Afganistán), En el país de los niños perdidos (Sudán del Sur), La ciudad de los muertos (Juárez, México).

En este libro he intentado explicar la situación de diferentes personas que son afectadas por la pobreza por razones diversas: la migración que produce el cambio climático, las guerras, el narcotráfico, la disputa por el agua.

Giovanni relata algunos pasajes de su vida de enviado especial. Dedica algunas líneas a lo que ha aprendido de grandes fotógrafos a los que ha topado en los caminos de la guerra. Una frase salta: Se aprende a esperar.

–Hay mucho de espera en la labor del periodista.

–Para mí esperar es casi un ejercicio zen, porque no tengo paciencia. Por ejemplo, llevo un año esperando una visa para entrar a Yemen.

–¿Cómo te acercas a la gente?

–Para hacer un buen trabajo periodístico debes tener el tiempo suficiente para acercarte a la gente con suavidad y con empatía. Tienes que vivir los problemas que la gente vive para poderlos contar de una manera fuerte, de un modo que se sienta la participación, lo que no necesariamente significa compartir las ideas de esa gente, pero sí su situación.

Pone por ejemplo su visita a una favela en Ciudad del Cabo. Su guía esperaba que regresara al hotel, pero él decidió vivir una semana en la ciudad perdida, comiendo y durmiendo con ellos. Esa es mi idea de trabajar.

Mucha paciencia para un impaciente. Sobre todo para un impaciente que carga una cámara. Resume Giovanni su método: llegas a una tienda de refugiados y te sientas con la cámara a un costado. Claro, estás viendo la luz, la posibilidad de lograr una foto. Pero solamente cuando la gente comienza a tener empatía contigo, cuando ha visto que está verdaderamente interesado en los problemas que está sufriendo, entonces es que puedes comenzar a tomar fotos. Si no, las fotos no dirán nada. Tendrás una situación, pero no habrás fotografiado sentimientos, la pasión. Ellos no son noticias, son seres humanos, niños, mujeres, viejos.

–¿Existe la objetividad en el periodismo?

–No existe la objetividad absoluta. Los periodistas son resultado de su educación, de su visión del mundo y de la vida.

–La tradición anglosajona machaca con el periodismo objetivo.

–Objetivo para mí significa tratar de comprobar lo que veo. La verificación de las noticias es el primer mandamiento. Y para ello el periodista requiere una preparación adecuada. De preferencia conocer el idioma del lugar donde está trabajando, leer libros de historia, no sólo de crónica actual, saber de las costumbres, todo lo que pueda ayudar a comprender, no sólo las grandes cosas, sino las pequeñas, las expresiones, el modo de actuar de los locales con los extranjeros.
Sencillez, conocimento y empatía

Prepararse, leer, conocer, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Giovanni relata el caso de un experimentado colega italiano que pasó un año y medio secuestrado en Siria. No podía entender cómo había decidido cruzar desde Líbano por una zona dominada por grupos de bandidos probablemente ligados a Al Qaeda. Ahora veo muchos periodistas, sobre todo jóvenes, que llegan a lugares peligrosos, como Siria, sin una preparación adecuada, sin una conciencia a profundidad de la cultura, la religión, la historia del lugar.

Y sin conocimiento, añade, de los mapas y las estrategias militares. Muchos de los periodistas secuestrados o asesinados, no todos, lo son por una falta de comprensión de la situación. Y no sólo hay que leer libros de historia, también literatura, novela, poesía, para tratar de comprender el espíritu de la gente.

Comprender a la gente comienza por no sentirse superior, sea porque uno viene de un país desarrollado o cualquier otra razón. Hay que ponerse, dice Porzio, a la altura de la gente sin ninguna actitud de superioridad. Ser sencillo y buscar empatía para poder hablar incluso con los niños. Tienes que ser un hombre antes que un periodista.


–José Revueltas escribió que lloraba mientras describía a los habitantes de un leprosario, pero que no podía permitirse ese lujo cuando los vio.

–Si te dejas hundir por tus emociones pierdes la lucidez necesaria para estar en un territorio peligroso. Debes tener el cerebro siempre lúcido aunque tus ojos se llenen de lágrimas. Si te dejas conmover y pierdes la atención a lo que pasa a tu lado, puede ser peligroso.

Su alma de reportero le prohíbe viajar sin llevarse algunas historias. Ya ha estado en México pero en este viaje tiene dos destinos, además del Zócalo de la feria de lectores: Tijuana y Acapulco, ya sabemos los mexicanos por cuáles tristes razones.
Arturo Cano 
Periódico La Jornada
Lunes 17 de octubre de 2016, p. 9

LA JUNGLA de Upton Sinclair


Ni remotamente Frank Warren imaginó que su orden al reportero Upton Sinclair de investigar una huelga y la preparación de cárnicos en Chicago fuera a convertirse en un verdadero tsunami.

Y no es que el editor del periódico Appeal to Reason (Llamado a la razón) ignorara la capacidad y el olfato de su periodista, por algo le encargó a Sinclair, entonces de 27 años, una indagatoria que se extendería a 36 entregas que abarcarían casi la totalidad del año de 1905.

La mirada del reportero fue un auténtico bisturí que develó no sólo las atroces condiciones de semiesclavitud de miles de trabajadores en los mataderos de Chicago, sino las nulas condiciones de higiene de los productos que ahí se elaboraban.

Fueron tan gigantescas las olas de indignación que levantó ese reportaje, que incluso el presidente Theodore Roosevelt recibió a Sinclair en la Casa Blanca, sin ningún entusiasmo, porque su animadversión a las ideas socialistas del autor de la serie eran de suyo conocidas, para asegurarle que el gobierno tomaría el asunto en sus manos y poco después se promulgó la llamada Pure Food Legislation, para regular la producción de alimentos, y se crearon instancias federales para supervisar las prácticas de los mataderos.

Tiempo después, Upton Sinclair convertiría ese reportaje en una novela que estaba llamada a convertirse en un verdadero fenómeno editorial, además de un hito entre las denuncias destacadas de la injusticia social, tanto fue así que en 1906 el gran Jack London escribió que “La Jungla puede ser para los esclavos asalariados de hoy lo que La cabaña del tío Tom hizo por los esclavos negros del siglo pasado”.


El proceso editorial de La jungla es, en sí mismo, otra novela, como bien relata José Ramón Calvo Irurita en el prólogo del volumen que hoy presentamos, una serie de vicisitudes, de cambios, de adaptaciones, de cortes y procesos de edición que tuvieron tantas versiones que acabaron desalentando la sucesiva publicación de este libro tan injustamente olvidado y que la Brigada para leer en libertad rescata hoy en un acto de auténtica justicia poética.

Este reportaje, crónica, novela, arenga y llamado a la acción seguirá conmoviendo a los lectores de hoy día, porque describe, de manera nítida, el proceso descarnado de acumulación de capital; la etapa de industrialización a todo tren y sin tapujos de Estados Unidos; el maltrato, la discriminación y la explotación inicua de los migrantes, y la formación de una conciencia proletaria entre las masas campesinas que llegaban por oleadas de Europa en busca del siempre quimérico sueño americano.

Sinclair conduce su relato a partir de la historia de una familia de emigrados de Lituania, cuya cabeza, Jurgis, nos conduce por esta suerte de Divina comedia de la consolidación del capitalismo, porque, en efecto, aquí ciertamente hay un infierno tan minuciosamente descrito que el horror no le es ajeno; un purgatorio de vicios donde sucumbe la mayoría de los trabajadores derrengados por el agotamiento físico y la derrota moral, y un paraíso representado por la adquisición de una conciencia clase capaz de transformar la vida misma.

Jurgis no es un héroe sin más, no transita por la épica y su vida no enaltece los valores de un dirigente proletario, Upton Sinclair nos lleva por otro camino, mucho más complejo y por ello más cercano a la vida, no por nada tocó las conciencias de cientos de miles de lectores, el autor nos conduce por los meandros de la condición humana, del vicio, de la corrupción, de la degradación, de la traición y la cuchillada trapera a los suyos, hasta hacer emerger del lodo a un hombre que al haber visto prácticamente completa  la cara de la abyección se eleva desde el cieno hasta la solidaridad con los suyos.

Debo decirles que había escrito varias cuartillas para intentar describirles la calidad de este escritor de brillantez inaudita, pero me detuve al pensar que en realidad el lector mexicano común de estos días no tiene, desafortunadamente, un referente preciso de la literatura de Sinclair, así que después de pensarlo unos días, tiré lo escrito y decidí que lo mejor para enamorarlos con este libro sería leer al propio Upton y dejar que su escritura los sorprenda y encandile.

Y es que hay que decir que el tamaño de esta denuncia palidecería y se volvería ineficaz si no hubiera sido acompañada de una espléndida pluma.

Por ejemplo, escuchen esta pronta desilusión de Jurgis y su familia que Sinclair condensa de manera brillante:

“Algunos días de experiencia práctica les habían bastado para comprender claramente que este país de salarios elevados era también el de los precios caros, y que el pobre era en él tan pobre como en cualquier otra parte del mundo. ¡En una noche se desvanecían todos los sueños de riqueza que habían cruzado por la imaginación de Jurgis! Lo que hacía aún más penoso el descubrimiento era que se veían en camino de gastar, con arreglo a los precios de América, el dinero que habían ganado con arreglo al salario de su país. ¡Así pues, se les robaba! Llevaban ya dos días en que casi se dejaban morir de hambre; tanto dolor les causaba pagar lo que les pedían por su alimentación.”

También la descripción minuciosa de varios procesos en los mataderos que marcan un contrapunto entre frases brillantes y poéticas para introducirnos a la crueldad desatada del exteminio, del holocausto animal, como en los siguiente pasajes:

“El guía continuó diciendo que había unos cuatrocientos kilómetros de vía férrea dentro del recinto de los Stock-Yards. Cada día los trenes conducían sobre diez mil reses, otros tantos cerdos y cerca de la mitad de cabezas lanares, es decir, de ocho a diez millones de seres vivientes sacrificados y transformados en alimento para el hombre anualmente.


“A poco que el observador fuera fijándose, podría notar cierto movimiento lento pero constante de toda aquella masa, y advertir el sentido y dirección de la marea hacia los mataderos. En efecto, el ganado iba siendo conducido por grupos desde los cercados a unas salidas que comunicaban con unos caminos de quince pies de anchura y que, en plano inclinado, van elevándose sobre el nivel de los cercados. Por estos caminos la corriente de animales era siempre continua, y era cruel ver a los pobres seres marchar, apretándose unos contra otros, hacia su fin, completamente inconscientes de la suerte que les aguardaba. Aquello era un verdadero río de muerte.”

O la parte porcina del proceso:

“No se podía contemplar largo tiempo esta escena sin sentirse inclinado a filosofar, sin empezar a encontrar símbolos y semejanzas, sin oír el alarido universal de toda la especie porcina. ¿Era posible creer que en ninguna parte de la tierra, o más allá de la tierra, no haya un paraíso para los puercos, donde vean recompensados todos sus sufrimientos? Cada uno de estos pobres animales era una criatura completa, un ser sensible. Los había blancos, negros, pardos y manchados; unos eran viejos, otros jóvenes; unos grandes y delgados, y otros cuales monstruos por lo gordos. Y todos y cada uno tenían una individualidad, una voluntad y esperanzas y deseos; cada uno de ellos estaba en la plenitud de la confianza en sí mismo, de su importancia y de su dignidad. Confiados y tranquilos seguían su camino e iban cumpliendo su misión, en tanto que una sombra negra los amenazaba y un destino horrible les aguardaba al paso.

“De repente, aquella sombra se lanzaba sobre ellos y los amarraba; inexorable, implacable, sorda a sus alaridos y protestas, ejercía sobre ellos su cruel voluntad, como si los deseos, los sentimientos de aquellos seres no existiesen en absoluto. Y los degollaba y contemplaba inalterable mientras de ellos se escapaba la vida. Ahora bien, ¿habría alguien que no creyera en la existencia de algún dios de los cerdos para quien la personalidad de estos animales sea preciosa y para quien sus gritos de agonía tengan significado? ¿Quién tomará a este ser sensible en sus brazos, le consolará y le recompensará por su misión bien cumplida y le mostrará el significado de su sacrificio?
Acaso nuestro Jurgis en su humilde espíritu tuvo algún vago vislumbre de todo esto cuando, al volverse para marchar de allí con el resto de sus amigos, exclamó:
—¡Diewes! ¡Cuánto me alegro de no ser cerdo!”

O acaso también el descubrimiento de las trampas y mezquindades humanas:

“Por esta razón, el establecimiento era de arriba abajo como una inmensa caldera donde hervían odios, celos y desconfianzas. Allí nohabía ni lealtad ni respeto humano; allí los hombres no representaban nada aparte de los dólares. Lo peor de todo era que, así como no había decencia, tampoco  erxistía la honradez. ¿Cuál sería la razón de todo esto? Nadie acertaba a decirlo. Acaso proviniera del viejoAnderson en un principio; era una herencia que había dejado a su hijo al mismo tiempo que sus millones. Nunca hubo en todo Chicago un hombre tan ruin como el viejo Anderson; ese hombre hecho a sí mismo. Desde su fallecimiento, la empresa había dejado atrás la costumbre de pagar dos dólares menos por cada cuarenta, pero seguían haciendo cosas que les llevarían directos a la cárcel, si no fuera porque podían permitirse el lujo de tener a los jueces en nómina. Qué cosas eran esas? Tamoszius aseguró a Jurgis que él mismo lo descubriría si permanecía en la casa el tiempo suficiente. Los obreros manuales eran los que tenían que ejecutar, al fin y al cabo, todas las trampas sucias y todos los engaños. Con ellos, pues, no valían argucias. Acostumbrados ellos mismos a aquella atmósfera, concluían por obrar, en su esfera, como todos los demás. Jurgis había llegado allí con la idea de hacerse útil, de elevarse poco a poco en su grado y llegar a ser un obrero especializado. No tardaría mucho en salir de su error: nadie asciende en Packingtown por hacer bien su trabajo. Allí, por el contrario, podía sentarse como regla general que cuando un hombre va ascendiendo de categoría era porque se trataba de un canalla. El hombre que había hablado al padre de Jurgis, enviado indudablemente por un capataz, ascendería; el obrero que espía y denuncia a sus camaradas, asciende; pero el que no piensa más que en su propio trabajo y en hacer bien su labor, a ése se le «mete caña» hasta agotarlo, y entonces, cuando ya no sirve para nada, se le tira a la alcantarilla.”

Más adelante agrega:

“Ya había comprendido cómo funcionaban las cosas que le rodeaban: las leyes de la jungla. En realidad, la vida no era sino una lucha de cada uno contra todos, en la que el diablo se lleva a los vencidos. Era una guerra a muerte, librada sin respiro y la única salvación estaba en permanecer muy atento, preparado para pelear o salir huyendo. Era mejor viajar a oscuras, atacar desde la sombras y, si la víctima resultaba muerta, no había que pararse en lamentos: el que cae tampoco pide compasión, se arrastra hacia su agujero para morir allí y punto. En otras palabras, se trata de meter dinero en la cartera. No se debía agasajar a la gente, sino esperar que la gente le agasajara a uno. Hay que andar por el mundo con el alma llena de sospechas y de odios; si alguien le habla a uno de amistad y confianza, ya se sabe lo que realmente quiere. Uno debe estar convencido de que siempre se halla rodeado de poderes hostiles que conspiran continuamente contra nuestro dinero y que se valen de la máscara de las virtudes para ocultar sus lazos y sus trampas. Los escaparates de las tiendas están llenos de toda clase de mentiras para atraernos; las bardas en los caminos, los postes telegráficos, los faroles y las esquinas de las calles, todo está cubierto de carteles llenos de embustes. La gran compañía que nos emplea nos miente y miente al país entero. Todo de arriba abajo no es sino una inmensa patraña. El país entero es una mentira: una mentira su libertad, una trampa para los trabajadores pobres; su prosperidad no era sino una falacia creada por los empresarios ricos; su justicia, una falacia creada por políticos corruptos. No importa a dónde vayas o con qué motivo –para comprar una casa, por ejemplo–, no debes escuchar toda la palabrería amable ni dejarte persuadir por la cortesía: uno debía ser amable y cortés, hasta donde fuera posible, pero tenía que tener muy claroque en ese preciso momento la persona que estaba delante era un ladrón y en todo momento había que estar preparado para montar en cólera y amenazarle.”

Los guiños culturales, por ejemplo en la referencia a Harriet Beecher Stow y su libro La cabaña del tío Tom y sus analogías sobre el esclavismo son claras:

“Hace algún tiempo, una mujer de gran corazón dio a conocer los sufrimientos de los esclavos negros y levantó a un continente en armas. Tenía varias cosas a su favor con las que no puede contar quien pretenda describir la vida del esclavo moderno: el esclavo de las fábricas, de los talleres, de las minas. El látigo con el que se le azota no se puede ver ni escuchar y la mayoría de la gente no cree que exista: es la hipocresía típica de la filantropía y de la convención política la que niega su existencia. A este esclavo no se le caza con perros, no lo matan a golpes malvados arquetípicos ni muere en el éxtasis de la fe religiosa. De hecho, su religión no es más que otra de las trampas que le tienden sus opresores y la más amarga de sus desdichas. Los perros que le acosan son la enfermedad y los accidentes y el villano que lo asesina no es sino el índice salarial. ¿Quién puede generar una emoción intensa en el lector narrando una cacería humana en la que la víctima es un extranjero piojoso e inculto y en la que los perros de caza son los gérmenes de la tuberculosis, la difteria y el tifus? ¿Quién es capaz de novelar la historia de un hombre cuya única peripecia vital reside en cortarse un dedo con un cuchillo de matarife infectado y cuyo desenlace consiste en una caja de pino y una tumba de pobre? Aunque morir de envenenamiento sanguíneo pueda ser tan doloroso como morir consecuencia de los golpes, la imagen de unos perros de caza desgarrando a alguien hasta la muerte sugiere un destino más clemente que aquel al que se enfrentan cada año miles de personas de Packingtown: ser presas de la más amarga pobreza, estar mal vestidos, vivir en una casa infecta, debilitados por el hambre, el frío y las inclemencias del tiempo, derribados por la enfermedad o los accidentes laborales… Después de esto, esperar que el flaco lobo del hambre se acerque arrastrándose para roerte el corazón y destruir los cuerpos y almas de tu mujer y tus hijos.”

Y, finalmente, el relámpago que en la más profunda oscuridad ilumina y descubre, desconcierta y sacude, como en este fragmento del discurso de un activista del Partido Socialista que arenga a sus compañeros y que estremece a Jurgis hasta la médula:

“¡A ustedes me dirijo, obreros! A los trabajadores que, habiendo alzado este país, carecen de voz en sus instituciones. A aquellos cuyo destino es sembrar para que otros cosechen, trabajar y obedecer sin recibir más recompensa que la destinada a las bestias de carga, ni otro alimento y cobijo que el que les permita subsistir hasta la próxima jornada.
“Es a ustedes a quienes acudo con mi mensaje de salvación, a ustedes a quienes apelo. sé que entre ustedes ha de haber un hombre a quien el dolor y el sufrimiento han arrojado a la desesperanza, un hombre al que algún fortuito espectáculo de horror o de injusticia ha despertado con una brusca sacudida. Para él, mis palabras tendrán el efecto del relámpago para el caminante que, avanzando en la oscuridad, ve iluminada la ruta y manifiestos sus peligros y obstáculos; de esa misma manera mis palabras resolverán sus problemas y arrojarán luz sobre sus dificultades. Y, caída la venda que le cubría los ojos,
libres sus miembros de los grilletes que los apresaban, ese hombre se alzará con un grito de gratitud y emprenderá la marcha, libre al fin. De él emergerá un hombre liberado de una esclavitud cuyas condiciones él mismo ha creado; un hombre que no volverá a caer
en la trampa; un hombre invulnerable a los elogios e inaccesible a las amenazas; un hombre que, a partir de esta noche, avanzará en lugar de retroceder, que se aplicará a estudiar para comprender, que empuñará su espada para incorporarse a las filas de sus camaradas y hermanos; un hombre que llevará a los demás, como yo se la he llevado a él, la buena nueva y, con ella, el don precioso de la libertad y la luz, que no es propiedad mía ni suya, sino patrimonio del alma humana. ¡Obreros, trabajadores, camaradas, abran los ojos y miren a su alrededor! Han vivido ustedes tanto tiempo en la esclavitud que los sentidos se les han embotados y el alma se les ha quedado yerta; pero, aunque sólo sea una vez en su vida, cobren ustedes conciencia del mundo en que existen; arránquenle los harapos de sus costumbres y convencionalismos y contémplenlo tal cual es, en
su desnudez repugnante. ¡Cobren conciencia de él, cóbrenla!”

(Texto leido por Andrés Ruiz en la presentación y regalo de "La jungla" durante la 16 Feria Internacional del Libro del Zócalo)